21.7.17

Si la economía española se recupera, ¿por qué sigue subiendo la deuda pública?

"El Banco de España ha publicado los datos de deuda del conjunto de las administraciones públicas correspondientes al mes de mayo y no hay buenas noticias. Tras el descenso de abril, la deuda pública ha vuelto a subir y, ojalá nos equivoquemos, porque pese a que las previsiones apunten a lo contrario, la realidad es que la tendencia es ascendente. 
En concreto, la deuda pública se incrementó respecto al mes anterior en la nada despreciable cantidad de 7.869 millones de euros. Casi ocho mil millones más que habrá que devolver a sus acreedores antes o después y que sitúan el volumen total de deuda en 1,124 billones de euros, con b. Si ponemos los ceros, estaríamos hablando de 1.124.000.000.000 euros. Casi nada. (...)

La pregunta que deberíamos hacernos es: si la economía española se recupera, ¿por qué sigue subiendo la deuda pública? En un contexto de crecimiento económico como el actual, con una tasa de crecimiento del PIB del 3,2% en 2016 y probablemente en torno al 3% este año, no somos capaces de amortizar deuda.

No podemos olvidar que antes del comienzo de la crisis, en el año 2007, la deuda pública de nuestro país ascendía a 384.000 millones de euros, equivalente al 35,5% del PIB. Hoy esta cifra suena a ciencia ficción. Parece que nos hemos acostumbrado a que lo normal es deber más de un billón de euros, y no es así. (...)

En alguna ocasión hemos comentado que la solución para reducir la deuda pública pasa inevitablemente por crecer. Sin crecimiento no se podrá reducir la deuda. Es un imposible. Sin embargo, crecemos y la deuda no mengua. Esto es así porque a pesar de que la pagamos, seguimos endeudándonos y provocando el efecto bola de nieve.  (...)

Crecimiento y contención de gasto forman la única ecuación que conseguiría que el ratio de deuda con respecto al PIB se rebaje poco a poco. De lo contrario, no quedaría más remedio que exponernos a una quita, lo cual tendría nefastas consecuencias para nuestro país."              ( , El blog salmón, 18/07/17)

El Credit Suisse ha bautizado el estado de ánimo actual como el de las Sociedades Enfadadas, lo que indica que las señales de alarma ya se han encendido. Las condiciones objetivas para una revuelta social están dadas

"Los principales ejes económicos del sistema capitalista actual están cada vez más preocupados por el devenir social, a pesar de que las cifras macroeconómicas en las principales economías les sonrían. Sin embargo, el eslabón que se comunica con el activo más miedoso, el dinero, es decir, la banca, ya ha empezado a dibujar un panorama oscuro fruto del fracaso de la inserción de gran parte de la población expulsada tras la última debacle del sistema a partir de 2008.

 El Credit Suisse ha bautizado el estado de ánimo actual como el de las Sociedades Enfadadas, lo que indica que las señales de alarma ya se han encendido, sin que los gestores públicos y privados que manejan el cuadro de mandos mundial sepan las consecuencias que puede tener si este aparente enfado culminase con algo peor.

 Las condiciones objetivas para una revuelta social están dadas, aunque algunos mecanismos internos de solidaridad intergeneracional están retrasando el estallido. El intento por convencer a gran parte de la población que ya hemos salido de la crisis y que el crecimiento ha llegado para quedarse no ha cuajado, máxime si gran parte de esta población apenas ha visto mejorada su situación. El ejemplo español es palmario.

 España se vende en los foros internacionales como el gran milagro, tras encadenar 15 trimestres consecutivos de supuesto crecimiento del PIB, muchos sabemos el déficit estadístico que nadie quiere revertir, pero nunca enseñan la diapositiva en la que se muestran las miserias de los afectados por la gran recesión que nos asola.

 Pensionistas que ya no verán mejorar su poder adquisitivo de forma estructural, jóvenes que se mantendrán en el mercado laboral a base de contratos basura y con sueldos miserables, incapacidad de poder emanciparse, salvo compartiendo una habitación, mayores de 45 años que nunca más volverán a trabajar, en suma, toda una generación que, por primera vez en la reciente historia, vivirán mucho peor que sus padres. Cada vez hay más hogares que saben y sufren que el crecimiento ya no es sinónimo de prosperidad.

 Los más audaces siguen apostando que esta situación es la lógica tras el enorme socavón que supuso la crisis de 2008 y que el mecanismo autorregulador del sistema equilibrará la situación, transfiriendo parte del excedente empresarial a los asalariados, casi por arte de magia.

 Los incautos también celebran como algo muy positivo que la tasa de ahorro sobre renta disponible haya marcado un mínimo desde 2009, el 7%, lo que demostraría que las clases medias y bajas se habrían quitado el corsé del ahorro precaución, porque ahora ya les sonríe otra vez la tarjeta de crédito y el crédito al consumo. Eso sí, en un país donde el 60% de la población no puede ahorrar y cuyas familias se han desapalancado casi 20 p.p de PIB desde 2009.

 Los portales inmobiliarios han fechado el fin de la crisis inmobiliaria y la vuelta a la compra de viviendas, aunque la estrella ahora sea el alquiler, y dentro de éste, el compartido por obligación, que es lo que ahora ha bautizado el grupo Prisa como el boom de la economía colaborativa dentro del auge del emprendimiento. Las nuevas generaciones saben que trabajarán a tiempo parcial por imposición y consumirán todo compartido, también por imperativo de la nueva economía, mal llamada colaborativa.

 El primer efecto de esta nueva realidad social es que, tras abominar de la compra de una vivienda, y para parecernos al resto de Europa, los españoles se lanzaron a alquilar viviendas, pero la pericia de los propietarios ha logrado que los precios crezcan de forma exponencial, y que zulos sin ascensor de 35 metros cuadrados se alquilen por más de 1.000€/mes en grandes ciudades como Madrid y Barcelona.

 Por supuesto, los puristas del sistema argumentan que esto es solo un problema de oferta y demanda y que si se alquilan a ese precio es que hay renta suficiente, y que es una señal de la salida de la crisis. Este es el precio de no tener una política social de vivienda que incluya control de rentas, como en Alemania o Francia.

 Pero en todo este proceso de autobombo hay eslabones que no encajan. ¿Por qué si la renta ya es la misma que antes de 2008, no se ha recuperado todo el empleo y las horas trabajadas? Si en 2011 el sistema de la Seguridad Social estaba en equilibrio, ¿por qué ahora presenta un déficit estructural del 1,5% del PIB?. Si el empleo crece a tasas del 3,5%, ¿por qué los salarios netos de horas trabajadas e inflación caen casi un 6%?

 La pregunta tal vez más difícil de contestar es si tras la euforia desatada por el turismo, ¿cómo es posible que en la hostelería y la agricultura se sigan dando los casos de esclavitud, como el de  las camareras de piso o los temporeros? Y si todo esto es poco, ¿por qué las cifras de pobreza relativa de organismos como Cáritas siguen empeorando?

 Todas estas dudas metafísicas son las que gobiernos y economistas lúcidos, que los hay, deberían ser capaces de contestar a la ciudadanía y así poder revertir el estado de ánimo que muestran las encuestas.

 Los más militantes aducen que la eclosión del turismo nacional, aunque más de un 60% de la población no puede coger una semana de vacaciones al año, es la mejor señal que la crisis ya ha pasado, y que los ciudadanos ya no tienen miedo a gastar, como lo prueba el barómetro de las cuentas financieras recientemente publicadas.

El gran problema sigue siendo el uso torticero y parcial de las estadísticas. Siempre hay datos o fuentes alternativas que demuestran lo contrario a la situación social actual, fruto de la maraña de series estadísticas, de dudosa calidad y fiabilidad, siendo los salarios y los precios de la vivienda los exponentes más claros. 

Por ello es tan urgente acometer una profunda remodelación del INE y ponerlo al mismo nivel que los institutos internacionales, como puede ser la BLS americana, cuyas cifras nadie discute. A falta de datos reales, objetivos, y sobre todo recientes y actualizados, la realidad social nos la tiene que contar sus protagonistas, casi de viva voz.

Probablemente hayamos entrado en la fase más desigual que recordemos, siempre en términos relativos, pero lo más dramático es que la sociedad ya no tiene herramientas para luchar contra ello. Las últimas reformas laborales, las de Zapatero y Rajoy, han logrado que la negociación colectiva prácticamente desaparezca de facto, que no de iure, lo que se ha logrado vender como revulsivo para poder crear empleo con bajas tasas de crecimiento.

 La vieja idea que España no crecía ni exportaba por la rigidez laboral y los elevados costes laborales ya es historia. Ahora nos queremos parecer a Alemania que exporta y apenas consume dentro, casi lo mismo que nosotros.

 Por todo ello, no parece sorprender que surjan movimientos extraparlamentarios que compensen la inacción del ejecutivo y el legislativo. La democracia parlamentaria es útil siempre que esté pegada al terreno y tenga los mecanismos suficientes para revertir externalidades negativas de la avaricia del capital, como es el caso que nos ocupa. 

Las mayorías silenciosas, porque muy combativas ya no son, pueden irse abriendo camino hasta reventar el maltrecho pacto social que la vieja socialdemocracia firmó a finales de la II Guerra Mundial. No se trata de revanchismo, sino de restablecer la regla de oro que nos ha perseguido desde que tenemos uso de razón: que nuestros hijos vivan mejor que nosotros. 

Si no es así, veremos a pensionistas trayendo nuestras pizzas de Deliveroo, nuestra habitación en casa paterna y materna alquilada para pagar la dentadura, los temporeros cogiendo lechugas a 2cts/euro y las camareras de piso limpiando nuestras habitaciones de Benidorm a 2euros.  Todo eso será parte del milagro de crecer quince trimestres consecutivos, ahora al 3,5%. Financiamos el crecimiento con desigualdad."                 (Alejandro Inurrieta  , Vox Populi, 17/07/17)

El independentismo cree que Alemania no debe pagar al sur de Europa, como no lo debe hacer Cataluña respecto al sur de España

"España se ha inspirado en Alemania para corregir su rumbo y ha logrado un superávit en el sector exterior de un 2% del PIB. (...)

Pero ese modelo alemán, que tanto gusta a algunos economistas catalanes, que se inclinan por el independentismo, –creen que Alemania no debe pagar al sur de Europa, como no lo debe hacer Cataluña respecto al sur de España—representa un peligro sustancial no ya para sus socios europeos, sino para el conjunto del mundo.

En este blog se ha incidido en esa idea de forma constante. Es difícil pertenecer a un club en el que uno de sus miembros tiene una relación completamente asimétrica con el resto. Para la zona euro, Alemania es un problema en estos momentos, aunque se hayan encauzado los principales problemas, con una incipiente, pero clara Unión Bancaria. Pero lo es para todo el sistema mundial. 

Los países que se han reunido en el G-20 en Hamburgo han discutido en los últimos meses sobre las trabas que se tratan de imponer al libre comercio. Es Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, el más activo para restringir esas relaciones comerciales, convencido de que algún tipo de proteccionismo deberá imperar para conservar los puestos de trabajo de la economía manufacturada norteamericana.

El semanario The Economist acaba de establecer su doctrina, de nuevo, con dos claros mensajes: Trump se equivoca, Merkel tiene razón al apostar por un libre comercio como garante también de los valores democráticos, pero Alemania debería hacer un esfuerzo por invertir y gastar, porque su exceso de ahorro supone que otros deben endeudarse sin reparos.

Es decir, The Economist le acaba de decir a Merkel que no puede abogar por la libertad de las relaciones comerciales, cuando Alemania está dedicada en cuerpo y alma a las exportaciones, de una forma tan radical que ha logrado tener el superávit comercial más alto del mundo, con 300.000 millones dólares en 2016, por encima de los 200.000 millones de… China.

Es una auténtica asimetría. Se trata del 8% del PIB de Alemania. No es un ahorro de las personas, preocupadas por su jubilación. Es un ahorro de las empresas y del gobierno, de forma enfermiza, una práctica interiorizada, una especie de instinto, como explica The Economist.

Nadie gasta en Alemania

Alemania, además, no está sola. Le siguen los nórdicos, como Suecia, Suiza, Dinamarca o los Países Bajos. Es la economía mundial la que está descompensada. Son las grietas del sistema, como lo explicaba Raghuram Rajan en su libro del mismo título. Y es lo que molesta a Trump, aunque lo explique mal y proponga políticas equivocadas.

 “La creencia de Trump de que los aranceles nivelarán el campo de juego es ingenua y peligrosa: reducirán la prosperidad para todos, pero ha comprendido una verdad incómoda. Él ha advertido a Alemania por su superávit comercial”, señala The Economist.  (...)

No es la primera vez que The Economist advierte de que la posición de Alemania es inasumible. Luego se entienden reacciones como las del Trump, que apunta sin saber muy bien qué se puede hacer. Pero sería necesaria una rectificación por parte de Alemania, para buscar una racionalidad en todo el sistema."                       (Manel Manchón , 09/07/17)

Los mitos democráticos que han sostenido a los Estados Unidos no están funcionando... sólo una escasa mayoría opina que las universidades ayudan al país... sólo el 6% expresa tener amplia confianza en el Congreso...

"Dicen que la estadunidense es el ejemplo planetario de la democracia. Pero si esto fuera democracia, sería todo lo contrario de lo que es ahora. De hecho, tal vez el mensaje implícito en casi todas los sondeos y análisis de la llamada opinión pública se podría resumir con acento argentino: ¡qué se vayan todos!

Tal vez lo más notable en este país –es que el pueblo– tan manipulado con las muy sofisticadas ciencias políticas del manejo exquisito del temor (entre los países avanzados, no hay duda que el superpoder es el más miedoso), la retórica simplista pero efectiva de la libertad y el bien, y el discurso materialista vestido de religión –a fin de cuentas no se la cree. De hecho, cada vez menos. Esto es, a la vez, alarmante y esperanzador.

Por un lado, la creciente enajenación entre el pueblo y las llamadas instituciones democráticas–incluyendo a los medios– permite que surjan personajes protofascistas, como Trump. Por otro, registra que el pueblo sí tiene un sentido común que no se traga la historia oficial de la democracia y que percibe a la cúpula como opuesta a sus intereses. Estas son afirmaciones muy generales y, por supuesto, es mucho más complicado, pero el hecho es que una y otra vez en las encuestas se registra no sólo la desaprobación a los supuestos representantes del pueblo, sino a casi todas sus propuestas políticas.

Tres cuartas partes de estadunidenses opina que tienen muy poca influencia sobre Washington, y mayorías no tienen confianza en casi todas las instituciones nacionales, según una nueva encuesta de Associated Press/NORC. El consenso es que los trabajadores, los pobres y los pequeños comerciantes tienen poco poder en Washington, mientras los grandes empresarios, los cabilderos y los ricos tienen demasiada influencia.

Y, según ese mismo sondeo, la confianza en las instituciones que supuestamente representan a las mayorías es casi nula. Sólo 6 por ciento expresa tener amplia confianza en el Congreso. Catorce por ciento dice tener gran confianza en la rama ejecutiva (la Casa Blanca y todas las secretarías), y 24 por ciento opina lo mismo sobre la Suprema Corte.

Sólo uno de cada 10 confía mucho en las principales empresas, bancos y sindicatos.

Más aún: sólo alrededor de 11 por ciento dice tener gran confianza en los medios noticiosos.

El presidente sigue con niveles de aprobación históricamente bajos. Sólo 36 por ciento avala (y 58 desaprueba) la gestión de Trump, el nivel más bajo del primer semestre de cualquier presidente en por lo menos 70 años, según la encuesta más reciente del Washington Post/ ABC News, difundida este fin de semana. Dos tercios no confía en su capacidad de negociar con otros líderes en nombre de Estados Unidos. 

En torno a sus políticas, por dos contra uno los ciudadanos prefieren la reforma de salud de Obama contra el plan republicano impulsado por el presidente; y contra casi toda la cúpula republicana, 63 por ciento contra 27 opina que es más importante ofrecer seguro de salud para la gente de bajos ingresos que recortar impuestos. Todo lo contrario a la agenda de los que están en el poder.

Pero esto no necesariamente beneficia a la llamada oposicióndemócrata. En repetidas encuestas, desde que llegó Trump, los demócratas en colectivo no gozan de mayor aprobación que el presidente. En la encuesta de ABC News, la más reciente, sólo 37 por ciento señala que el Partido Demócrata representa alguna oposición, mientras 52 por ciento dice que se define sólo contra Trump pero no en favor de algo.

De hecho, esto explica en parte la ausencia de una oposición política más masiva contra Trump a escala nacional –es mucho más presente a nivel estatal y local–, ya que el Partido Demócrata no ha logrado presentarse como la alternativa creíble. Pero vale repetir que en algunos sondeos nacionales el senador autoidentificado como socialista democrático Bernie Sanders continúa siendo el político más popular en este país. Sanders y sus aliados siguen tratando de crear justo esa corriente alternativa dentro del Partido Demócrata, disputando su futuro a escala nacional.

Hay síntomas curiosos que tienen que ver con el momento. Qué hace uno con esto: en una nueva encuesta del Pew Research Center, una amplia mayoría (58 por ciento) de republicanos y simpatizantes cree que las universidades dañan al país. Setenta y dos por ciento de demócratas expresa que son positivas para el país. Supuestamente, uno debe consolarse con que una mayoría opina que las universidades ayudan al país, pero son apenas más de la mitad –55 por ciento. ¿Habrá otro país donde se desprecia tanto la educación superior?

Ah, y 85 por ciento de republicanos opina que los medios dañan al país.

Hasta los príncipes de la cúpula económica del país se han alarmado con que la disfuncion del gobierno sea tan grave que amenaza todo. Jamie Dimon, ejecutivo en jefe de uno de los bancos más poderosos del mundo, JP Morgan, comentó recientemente: Es casi una vergüenza ser estadunidense viajando alrededor del mundo y escuchar la mierda estúpida con que los estadunidenses tienen que lidiar en este país.

John Oliver, el gran comentarista cómico, dijo que cuando supo del último escándalo de Trump –lo de la reunión de su hijo con rusos para recibir información contra Clinton–, su primera reacción fue: ¡Guau! Esto es algo, siempre y cuando sigamos viviendo en un mundo donde algo aún tiene significado, y ya no estoy tan seguro de que sea así.

Todo esto indica que el discurso oficial y los mitos democráticos que han sostenido este país no están funcionando por ahora. ¿Qué implicaciones tiene esto? Algunas ya se están viviendo (el fenómeno de Trump), pero otras están por asomarse. Lo único que se puede concluir es que este país tal vez ya no puede definirse como democracia, pero tampoco es dictadura. Es todo lo contrario.

Tal vez toda esta desilusión explica la crisis en Nevada, donde el gobernador republicano del estado endosó medidas de emergencia para abordar la falta severa de…. mariguana. Es que se agotó ante una enorme ola de demanda, después de entrar en vigor la ley que legaliza la cannabis, el primero de julio."                   (David Brooks , La Jornada)

20.7.17

Gran parte de la fuerza laboral joven que no tendrá oportunidades laborales decentes probablemente nunca, salvo que emigre

"(...) se ha conocido el Informe del Consejo de la Juventud, aunque es tan retrasado que se une a la pléyade de estadísticas inservibles de las que se nutren economistas, analistas y no sé si también el Gobierno. 

(...) las cifras de natalidad en España han vuelto a marcar mínimos, y solo se recuperarán cuando se asienten una nueva generación de inmigrantes jóvenes, cuya propensión a la natalidad es superior a la española, en parte por factores culturales, y a pesar de la ausencia de la red familiar que tanto ha ayudado a los jóvenes españoles. (...)

La raíz de este grave problema se centra en el modelo social y económico que han diseñado las elites, pero también la UE, para las economías pobres europeas. Este modelo se asienta en una apropiación continua y no disimulada de las rentas de las clases medias y bajas para traspasarlas a las elites empresariales que gozan de absoluta impunidad para desvirtuar el mercado laboral.

Este proceso, impuesto desde Bruselas y aplaudido por las organizaciones patronales, consiste en trocear el factor trabajo, cosificar colectivos enteros de trabajadores, mujeres, jóvenes, mayores de 45 años, despojándoles de cualquier poder de negociación, y reducir la retribución a una asignación arbitraria en función de la cuenta de resultados, sin respetar horarios, capacidad, ni formación.

 El propio sistema, pero también la ausencia de pensamiento crítico éntrelas familias, está generando una hornada de jóvenes sobretitulados, que no sobrecualificados como ingenuamente nos intentan engañar, que son pasto de un mercado laboral cada vez menos sofisticado, menos productivo y donde la fuerza laboral es un estorbo, a pesar de la revolución digital.

 Esta progresiva destrucción del factor trabajo, liberalización nos cuentan nuestros amigos neoclásicos, viene acompañada con restricciones presupuestarias de toda índole por lo que hay una gran parte de la fuerza laboral joven que no tendrá oportunidades laborales decentes probablemente nunca, salvo que emigre. 

Así, los nuevos nichos de negocios, mal llamados economía colaborativa, son el epicentro de este nuevo neologismo: no son trabajadores, son prestadores de servicios a demanda. Se conculcan todos los derechos adquiridos, no existe la negociación colectiva, los salarios los fijan la otra parte, y se les ordena la jornada laboral, pero no son falsos autónomos. Por supuesto, la inspección de trabajo mora para otra parte.

 Este progresivo deterioro del concepto de trabajador, también tiene que ver con la progresiva caída de la inversión y productividad a nivel mundial, algo que ya no se puede afirmar que es cíclico, sino estructural, a pesar de la brusca caída de tipos de interés e inflación.

 Si esto se cronifica, y mi apuesta es que así será, veremos generaciones enteras que, no solo vivirán peor que sus padres, sino que serán pasto de la pobreza estructural, por más que se nos bombardee que esto no es más que la fase imprescindible para salir de la crisis en la que caímos en 2008. 

El desprecio hacia el ser humano, hacia el joven, hacia la mujer o hacia el mayor, tiene que ver con la idea de la inmediatez, de la moda y del beneficio rápido y el abandono de cualquier tipo de ética empresarial.

 Esta revolución empobrecedora pretende, además, que las familias procreen, por supuesto sin ayudas, que se emancipen, que compren viviendas, coches y que en la vejez vayan a Benidorm a bailar. Pero la realidad ya es un muy distinta. El votante mediano joven ha dado la espalda a quien todavía cree que este ciclo vital no ha muerto, el que nos enseñaban en la Facultad: Modigliani. 

Hoy estos votantes se han separado de la vieja elite política y empresarial que sigue cosechando fracaso tras fracaso, anunciando que las cosas mejoran porque se crea empleo de una semana, de dos días o incluso de horas. Se adormece al país durante la estacionalidad del empleo, para luego justificar la destrucción porque os turistas se vuelven a sus casas.

 Si el empleo no mejorará, tampoco lo hará el mercado de la vivienda para que puedan tener acceso a vivienda en alquiler social aquellos colectivos que lo necesitan, a precios razonable. 

Los talibanes del mercado siguen lanzando pestes contra cualquier regulación de los precios de alquiler, porque así no se asignan eficientemente los recursos, ya que la teoría de señalización sigue vigente, a pesar de los casos de escasez de oferta de vivienda asequible, y por supuesto a pesar de la eclosión de la nueva moda de alquilar tu casa para poder pagar los estudios de tus hijos o simplemente poder comer. 

Esta sociedad vacía y vieja solo vive pensando en cómo solucionar el problema de las pensiones actuales, drama que se conjurará con más deuda, es decir, pelota hacia adelante. Pero sigue aceptando la destrucción del mercado laboral con una naturalidad propia de colectivos que no estarán aquí cuando esto explote. Tal vez hayamos llegado al punto en que solo nos importa el ahora, y cómo salgo yo de esta encrucijada. 

Pero urge cada vez con más fuerza, un episodio que nos haga salir del marasmo de las trincheras ideológicas y políticas y pasar a la acción real, aunque ello conlleve perdernos el último episodio de nuestra serie favorita. Como ha señalado Unai Sordo, el nuevo Secretario General de CCOO, si los jóvenes no espabilan, su futuro estará completamente muerto."                  (Alejandro Inurrieta  , Vox Populi,  03/07/17)

El 20,2% de la población alemana no dispone de reservas económicas... esto significa que cada enfermedad grave o despido es susceptible de hacerles caer en la pobreza

"La publicación, este mes, del informe anual del gobierno alemán sobre la riqueza y la pobreza, que comprende 600 páginas, ha suscitado una gran controversia puesto que están previstas varias elecciones en diferentes estados y a nivel federal. (...) 

Los hogares pertenecientes al grupo del 10% más adinerado poseen más de la mitad de la riqueza total, mientras que la mitad más desfavorecida de la población se reparte solamente 1% de esta riqueza. Además, el crecimiento no beneficia de la misma manera a un grupo u otro. A propósito de esto, la ministra hizo una comparación muy reveladora: “Las cuatro décimas partes más desfavorecidas de la población asalariada ganaron en 2015 menos que en los años centrales de la década de 1990”.  (...)

Para aprehender la realidad social de Alemania, es útil mirar las estadísticas de la pobreza recogidas por Eurostat. Según esta plataforma, el número de personas en riesgo de pobreza o de exclusión social se elevaba en este país a 16,8 millones en 2015, que representa una proporción del 20,6%. 

Si se compara esta situación en varios países en 2015, estas cifras alcanzan en Francia a 11,05 millones de personas (17,7% de la población total); en Italia, 17,47 millones de personas (28,7% de la población total); en Suiza, 1,48 millones de personas (18,2% de la población total).  (...)

Las contrarreformas de la “Agenda 2010” llevadas a cabo bajo la coalición roja-verde del canciller Gerhard Schröder (SPD) y de Joska Fischer (Verts), introducidas en 2005 (fecha de entrada en vigor de la última ley Hartz IV 2/ , han cambiado hasta tal punto la imagen de Alemania, que hoy se puede hablar, sin exageración, de la “sociedad Hartz IV”.  (...)

La ley conocida como “Hartz IV” y que se puede traducir como “Cuarta ley introductoria de servicios modernos en el mercado de trabajo” condujo a una aguda degradación de las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría de las personas afectadas sea de forma directa o indirecta. 

Esto repercute, en la mayoría de las personas, de forma negativa en su salud. El conjunto de la sociedad sufre las desastrosas consecuencias puesto que (después de 10 años de “régimen Hartz”), millones de personas ya no disponen de una relación laboral que les permita el pago de las cotizaciones sociales, lo que significa que no disponen de ninguna protección ante los riesgos elementales de la vida (los salarios de miseria subvencionados en el marco de la “Hartz IV” estaban vinculados a la dispensa de cotizaciones sociales). 

Ahora bien, cuando semejante protección existía a pesar de todo, las personas asalariadas, estaban contratadas de forma interina, temporal, es decir, a tiempo parcial (a menudo, obligatoria). Incluso en el sector público, la proporción de CDD (Contrato de Duración Determinada. ndt) está en alza. La creación de un amplio sector de bajos salarios llevó a aumentar enormemente la presión sobre las personas asalariadas a menudo sometidas a relaciones de trabajo precarias y/o atípicas.

Esta presión suscita problemas de salud, así como enormes presiones psicosociales para las personas asalariadas y sus familias. Desde hace una decena de años, el aumento de la exigencia de rentabilidad, la “caza al retraso” (Terminhetze) así como el estrés permanente están a la orden del día en el mundo del trabajo, lo que enferma a muchas personas.

 Esta realidad no ha caído del cielo sino que ha sido moldeada por la “Agenda 2010” de Gerhard Schröder y las leyes Hartz.

En lugar de ser estimulado por las “reformas” de Hartz IV, el mercado de trabajo alemán ha sido completamente desequilibrado. La fórmula “pequeños trabajos en lugar de puestos de trabajo” resume bien la profunda dinámica de precarización consecuente con el boom de los contratos de trabajo itemporales, trabajo (seudo-)autónomo, “miniempleos” y Ein-Euro-Job 3/. (...)

Werner Seppmann, un filósofo alemán, describe Hartz IV como un “sistema de presión social” cuyas rígidas reglas operan mucho más allá de las personas afectadas por los despidos o el desclasamiento social: “Las reglas propias de de Hartz IV tienen una función disciplinante igualmente entre quienes tienen todavía un empleo, que están estrangulados por el miedo al paro y la degradación de las condiciones de vida que se deriva automáticamente del régimen Hartz”.

 Entre las personas que sufren este régimen “presión social”, Hartz IV deja un sentimiento de impotencia, el sentimiento de estar entregado a una maquinaria, lo que es susceptible de robarles las ganas de vivir.

Una de las consecuencias más destructiva atribuidas a Hartz IV en gran parte de la literatura especializada es la pobreza. Esto se explica por el hecho de que la llamada “seguridad social mínima para personas en búsqueda de empleo” tiene un doble efecto fatal: por una parte, muchas personas, en primer lugar, aquellas que están empleadas en el sector de los bajos salarios o las que tienen un engañoso estatus de autónomos (a menudo, la empresa cuenta con un solo empleado) recurren a las “ayudas Hartz IV” (Arbeitslosengeld II), aunque no osen o no habrían osado probablemente ir al asilo (Sozialamt), molestas por tener que pedir ayuda social para ellas mismas y sus allegados.

 Por otra parte, millones de parados de larga duración, que antes eran beneficiarios de del subsidio del paro (Arbeitslosenhilfe) o que se habrían convertido en beneficiarios, ya no reciben más que una pequeña ayuda o ninguna.

 Este cambio viene del hecho de que los ingresos del compañero o de la compañera del demandante (por ejemplo, el marido o la mujer, o la pareja con un buen sueldo) es tenida en cuenta de forma mucho más estricta en el cálculo de las “prestaciones debidas” (Leistungsanspruch) en el “régimen Hartz IV”, lo que afecta mayoritariamente a las mujeres.  (...)

Sobre la base de entrevistas con mujeres afectadas por las “leyes para la reorganización del mercado laboral” en Berlín, una ciudad de donde un 20% de la población total es obligada a vivir bajo el régimen de Hartz IV, llegó a la conclusión de que “los derechos económicos y sociales de las mujeres no han mejorado con las nuevas reformas del mercado laboral”, sino que están masivamente en peligro a causa de ellas 5/ ”.

 Los jóvenes adultos solo reciben contratos de trabajo temporales (CDD) e intentan apañarse trabajando como pseudo -independientes con contratos remunerados por hora (Honorarverträge) o bien con jobs de auxiliares mal o no pagados en absoluto (Generación precaria).  (...)

Las crisis económicas, financieras y monetarias, pero también las llamadas reformas sociales como las “leyes Hartz”, provocan no solo restricciones materiales sino también daños psico-sociales en términos de salud pública.

 Quienes tienen que apañarse con la tarifa reglamentaria de Hartz IV acompañada del reintegro de los gastos de alquiler y calefacción cuando es el caso, no están en condiciones de alimentarse correctamente ni de participar según su propia elección y gusto en actividades de la vida social, cultural y política. 

Cada restricción se siente de forma atroz y reduce a nada las posibilidades de realización como persona. Por lo tanto, Hartz IV relaciona una morbilidad y una mortalidad más elevadas entre las personas sometidas a este régimen que en un grupo con características demográficas comparables pero formado por personas más ricas y mejor situadas.  (...)

Las personas beneficiarias de las ayudas Hartz IV (Arbeitslosengeld II) solo logran llevar una vida más o menos satisfactoria en casos excepcionales, cuando disponen de factores de resiliencia o de condiciones especiales que las protegen de la pobreza.

La soledad, el aislamiento social, la resignación son las consecuencias casi automáticas de una percepción de las “ayudas Hartz IV” de larga duración o de forma permanente. La angustia sobre el futuro, las crisis de ansiedad, los cambios de humor son verdaderos obstáculos para el bienestar de las personas afectadas, el de sus parejas y el de sus familias.

 Los problemas psicosomáticos, manifestados por dolores de cabeza o de vientre, son para los miembros que son denominados como “hogares Hartz IV”, un problema cotidiano. De la misma forma, se registra entre este sector de la población, un aumento de las enfermedades crónicas así como una tasa más elevada de embarazos de riesgo y de muerte prematura de lactantes. 

Las hijas e hijos de los “hogares Hartz IV”, a menudo, sufren complejo de inferioridad, falta de confianza en sí mismas, de depresión, así como de síndromes que acompañan la percepción de las “ayudas Hartz IV” de larga duración o permanente. 

El espacio reducido unido a las condiciones precarias del alojamiento así como la ausencia de espacios de aislamiento, contribuyen a desfavorecer a estas criaturas en todas las dimensiones de la vida. (...)

Según un estudio del Deutsche Institut für Wirtschaftsforschung (DIW) datado en 2014, el 20,2% de la población no dispone de reservas económicas, mientras que el 7,4% tienen más deudas que ahorros. Para estos dos grupos estadísticos, esto significa, claramente, que cada enfermedad grave o despido es susceptible de hacerles caer en la pobreza.

Las personas afectadas por Hartz IV son objetivo de exclusión social, sufren discriminaciones en casi todos los ámbitos de la vida y padecen cotidianamente la experiencia de sentirse en desventaja. (...)"          (Christoph Butterwegg, Viento Sur, 11/07/17)

Para atender a los ancianos de mañana basta con que haya suficientes trabajadores empleados en el futuro produciendo alimentos, vivienda, energía eléctrica, vestimentas y servicios sanitarios, ocio y cultura en cuantía suficiente para atender al conjunto de la población... y que las pensiones sean financiadas directamente por el banco central

"(...) Sin comprender el funcionamiento de nuestro sistema monetario la discusión cae dentro de estrechos márgenes fiscales en los que se debe asegurar un equilibrio entre los gastos y los ingresos que deberían ser capaces de financiarlos. 

El habitual esquema mental que tenemos sobre el problema de las pensiones es totalmente erróneo. Debemos arrojar la hucha de las pensiones a lo más profundo del mar, rompiéndola antes para vaciar hasta el último céntimo de su contenido; hoy mismo. 

Deshagámonos de esta abominación que no engendra más que inconvenientes y contratiempos auspiciados por la lógica neoliberal de constreñir la función del Gobierno con reglas financieras artificiosas y arbitrarias. Encerremos bajo doble llave las ideas de la hacienda pública responsable junto al sepulcro de El Cid.

El debate debe trascender la robustez del equilibrio presupuestario que obsesiona a los ceñudos reformistas de nuestro sistema de pensiones y despierta los apetitos de los gestores de fondos. 

Pero, que se puedan pagar y financiar las pensiones ¿significa que éstas son sostenibles indefinidamente? En principio no, si bien no nos encontramos ante una restricción de la esfera financiera. Su sostenibilidad debe ser atendida en el sector real de la economía, esto es, en la creación de un excedente productivo.

 Los jubilados no consumen las contribuciones de su trabajo pasado, sino los productos y servicios que hay en el momento en que ellos ya no contribuyen al aprovisionamiento social de bienes y servicios de la comunidad.

 Para atender a los ancianos de mañana basta con que haya suficientes trabajadores empleados en el futuro produciendo alimentos, vivienda, energía eléctrica, vestimentas y servicios sanitarios y de cuidados, ocio y cultura en cuantía suficiente para atender al conjunto de la población. Un mejor trato a la juventud también ayudará a la reproducción de las clases trabajadoras, hoy razonablemente reticentes a crear nuevos hogares.  

Cómo decida en el futuro el Gobierno trasladar ese excedente real hacia las clases pasivas es una cuestión que podría resolverse de muchas maneras. Por ejemplo, podríamos abandonar el esquema insolidario actual en el que los trabajadores más pobres contribuyen proporcionalmente más que Lionel Messi o Amancio Ortega a la tesorería de la Seguridad Social. 

También podríamos aceptar que la Tesorería de la Seguridad Social tuviera un déficit perpetuo cubierto por la Tesorería General del Estado lo cual, aunque a algunos les parezca sorprendente, no socavaría los cimientos de la civilización occidental. Utilizando la imaginación de la que carecen las autoridades europeas, proponemos también que las pensiones sean financiadas directamente por el banco central. 

Como monopolista de la moneda no se ve sometido a restricción financiera alguna. Es forzoso reconocer que como usuarios del euro, a todos los efectos una moneda extranjera, el monopolista hoy es el Banco Central Europeo.

 Entre los responsables de esa entidad abundan los entusiastas de la “responsabilidad” fiscal pero, con un cambio de los Tratados de la UE, el emisor europeo podría pagar todas las pensiones de los jubilados europeos indexando éstas a algún tipo de fórmula que tenga en cuenta el salario medio del país y la vida laboral.

 Esta es una opción técnicamente realizable, puesto que el emisor europeo es el único agente que puede crear nuevo poder de compra que se utilizaría para encauzar esos excedentes reales hacia los jubilados.

 Este nuevo dinero es deuda de una entidad que por definición nunca puede ser insolvente. Si les preocupa la inflación no se agobien: posteriormente los estados pueden cancelar el poder de compra sobrante con un nivel de imposición adecuado y justamente repartido entre los productores.

Lo que sí podemos asegurarles es que ninguna hucha dotada hoy por el Estado sirve al propósito de generar ese excedente productivo en el futuro. No dejemos que aten la democracia a mecanismos artificiales de control a sus reglas neoliberales. Abandonemos el esquema mental erróneo de que un Estado o la Seguridad Social deben equilibrar su presupuesto y avancemos hacia la soberanía para garantizar nuestras pensiones y el pleno empleo."                     (Redmmt, 01/07/17)

Vas perdiendo el amor de tus padres, y el amor de tu mujer. Caes y caes. Cuando llega ese vacío terrible y se rompe todo a tu alrededor. Llega un momento en que no recuerdas cómo era trabajar...

"Detrás de las cifras, desoladoras, hay rostros y vidas rotas, sin esperanza, sin nada. Cáritas presentó esta mañana en Madrid un informe con el título ‘Economía y Personas. Cambiando el foco cambiamos los resultados’, con datos de una actividad exitosa, pero colocó en el centro de la mesa de expertos a un parado de larga duración, José Manuel García, tirado en la calle durante meses. 

Ahora trabaja en una empresa agrícola de economía social impulsada por Cáritas Sevilla, llamada Bio-Alverde. Otras 16.500 personas sin esperanza encontraron empleo el año pasado a través de ese plan de “economía solidaria”, desde donde esperan dar el salto al mercado laboral ordinario.

Cuando terminó su relato, a punto en un par de ocasiones de soltar las lágrimas, José Manuel García, sevillano de 50 años, recibió el aplauso de los periodistas. Les había encogido el corazón. “Tienes un buen trabajo estable, te despreocupas de formarte mejor y de pronto te dicen que llega una crisis y que se cae el velo de la especulación. 

La víctima eres tú, claro, entre los primeros, el que te caes del trabajo con 40 años, que dicen que es una edad en la que ya te ven viejo para emplearte pese a que a lo mejor te quedan todavía cincuenta años vida. Al paro. Así, de la noche a la mañana, sin esperarlo y, claro, sin merecerlo”, contó.

Había trabajado en un hotel de tres estrellas en el centro de Sevilla, en los años 90, época de euforias y grandilocuencias. 

 “Pensábamos que todo iba a ir bien. Pero no llegó tanta gente como se había dicho. Al paro. Seis meses. Parece que gusté a los jefes y me colocaron pronto en una floristería, que servía sobre todo a funerarias. Allí 13 años. Era un trabajo estable, pensé despreocupado. Pero llegó otra crisis. Así me convertí en parado de larga duración como suele decirse. Hubo un momento en que no recordaba cómo había sido trabajar”.

Separado de su mujer, que pronto perdió también su trabajo, pasó cinco meses durmiendo en un coche, comía en los comedores sociales, se vestía y duchaba en las Hermanitas de la Caridad. “Ya no tienes dinero, vas perdiendo a los amigos, y los seres queridos empiezan un día, poco a poco, a culparte de tu situación. Así vas perdiendo el amor de tus padres, y el amor de tu mujer. Caes y caes. 

Cuando llega ese vacío terrible y se rompe todo a tu alrededor, y la vida parece que ya no tiene remedio porque se te han acabado las ayudas oficiales por estar en paro y ya no te van a dar nada más para seguir vivo, esperas que te atiendan de otra manera las instituciones, pero no lo hacen. Y ya solo te queda la caridad”, recuerda.  (...)"               ( , El País, 27/04/17

19.7.17

Recuperación sin empleo: España crece a dos velocidades... se recuperan los empresarios... el resto, al contrato por días

"Una W. Esta es la letra que representa la crisis económica de la economía española. El país pinchó su burbuja en 2008, con una caída precipitada de la economía y la destrucción de millones de empleos. Hubo un amago de recuperación, pero la crisis de deuda de 2010 y las restricciones fiscales volvieron a tumbar la economía que crece a buen ritmo desde 2014.

 El segundo vértice de la W ha alcanzado ya el mismo nivel que en 2008, con una economía que produce por el mismo valor que hace diez años.
Pero hablar de que el país se ha recuperado, sería obviar que la tasa de paro de casi el 19% y al menos 4,2 millones de parados, según la EPA.



Elegir una letra del abecedario que represente la evolución del paro es complicado. Una U, en la que el desempleo repta largo tiempo estancado. Una L, donde no se ve su fin. Para muchos empleados, será una intrincada Z, donde se sale y se entra el desempleo, con contratos cada vez más cortos y más precarios, donde la falta de reciclaje condena a millones de desempleados a ser un caso perdido.  (...)

El turismo, que está en cifras récord, aportó en 2015 ya un 11,1% de la riqueza de la economía y sigue con unos sueldos muy bajos (los más bajos por sectores, según la estructura salarial para hostelería): 13.977 euros de media por trabajador en 2015, lo mismo que en 2008, cuando la media en toda la economía ha subido un 5,5%.

"El incremento de la riqueza se está repartiendo de forma asimétrica a favor de la remuneración del capital", concluye Fuentes Castro. "La tasa de paro convierte a los trabajadores en precio aceptantes, y no tienen capacidad de negociar", recuerda el economista.

El problema es endémico en la estructura salarial, cuyo sueldo común más habitual es de 16.500 euros, algo que Torres cree que conviene cambiar ya para que el incremento de los salarios se alinee con la productividad. (...)

En una época de bajos tipos de interés y bajos salarios,  los empresarios han logrado utilizar estos dos elementos como palanca para disparar la actividad productiva y aumentar sus beneficios. La patronal del turismo, Exceltur, aseguraba ayer que espera crecer su actividad este año un 4,1% (por encima del 3,3% para la economía). Mientras, a las puertas de los hoteles se agolpan 'las kellys' (camareras de piso) que siguen sin ver en sus nóminas los efectos de este boom.

¿Cómo convencer a los empresarios de que suban sueldos si hay millones de personas aún en paro? "Hay que buscar incentivos como el interés mutuo", apunta Torres al estilo fordiano en el que el empresario entiende que mejorar los salarios termina repercutiendo en que se consuma más.

Felgueroso advierte además de que los datos de empleo son preocupantes porque estamos asistiendo a un "deterioro de la calidad del empleo" que no recogen las estadísticas. "Se genera empleo pero es de tan corta duración que la Encuesta de Población Activa no llega ni a recogerlo. Con los indicadores tradicionales es difícil en realidad que podamos captar este empleo que se crea", asegura Felgueroso.

Para este investigador, el empleo está cambiando a gran velocidad y la economía digital está produciendo a mayor ritmo contratos "bajo demanda", lo que los sindicalistas llaman "de usar y tirar".  (...)

Para Fuentes Castro, "hemos tocado hueso" con la estrategia de low cost y hay que invertir en las fuentes de verdadera productividad, como la educación, la innovación y el posicionamiento en gamas altas. 

El economista recuerda que son de naturaleza estructural y por lo tanto caras, y en las que el papel del sector público es fundamental. Torres está muy de acuerdo y apuesta por las políticas activas de empleo para sacar a estas bolsas de exclusión laboral de su letargo y por renovar capital productivo."             (  , eldiario.es, 13/07/2017)

La UE no es reformable, hay que salir del Euro

"(...) Lecciones de la capitulación del gobierno de Alexis Tsipras en Grecia

Una fuerza de izquierda que pretende lograr un cambio tiene que comprometerse a desobedecer en caso de llegar al gobierno: desobedecer los tratados de la UE, los dictámenes de la Comisión Europea y de los acreedores.

El caso griego es el ejemplo, claramente, contrario. Tsipras logró ser Primer Ministro con un apoyo popular muy fuerte pero apostó por mantener una buena relación con la Comisión Europea a través negociaciones: continuando con el pago de la deuda se podría llegar a una solución. Pero eso no es posible: la Unión Europea no es reformable.

 Lo que un gobierno de cambio sí puede hacer, es utilizar el margen de maniobra que le concede el apoyo popular que tiene, para enfrentarse a la Comisión Europea con argumentos de justicia social, de voluntad de romper con la austeridad. Es decir, queda la opción de desobedecer.

Una segunda lección es que el gobierno de cambio tiene que comprometerse a movilizar a la ciudadanía. Tsipras y Varoufakis viajaban no sé cuantas veces al mes y vivían en cuartos de hoteles negociando con la Comisión o con el FMI , sin movilizar al pueblo griego, sin llamar a los pueblos de Europa para solidarizarse con el pueblo griego para enfrentar a la Comisión Europea.

Si Tsipras hubiera informado, constantemente, del contenido real de las negociaciones, si hubiera convocado a movilizaciones, si hubiera estado dispuesto a aceptar visitas de organizaciones populares de otros países, habríamos tenido otra situación. Grecia, uno de los países más débiles y periféricos de la zona euro, estaba en condiciones de ganar la batalla contra la Comisión Europea, empezando por declarar una suspensión de pagos.

Tsipras vació el Tesoro Público, exigió a las administraciones públicas y a las empresas públicas transferir su liquidez al Banco Central para pagar la deuda. No tenía dinero para iniciar un plan de emergencia humanitaria a un nivel suficientemente amplio. Entre febrero y junio 2015, Grecia pagó 7000 millones de deuda a sus acreedores sin recibir ningún centavo de euro en contrapartida. 

Mientras tanto, el BCE hizo todo lo que le permiten sus estatutos contra el gobierno de Tsipras.
Primero, limitó la liquidez a los bancos griegos, estableciendo la liquidez de emergencia que es mucho más costosa. Unos meses más tarde, cuando Tsipras convocó al referéndum, el BCE cerró totalmente la liquidez, incluso de emergencia. El BCE utilizó todos los mecanismos contra el gobierno de Tsipras mientras éste no utilizó ninguno.

Para los países periféricos como Grecia, la desobediencia implica la suspensión del pago de la deuda para poder tener un margen de maniobra para invertir en su economía. Es necesario una correlación de fuerzas frente a los acreedores para obligarlos a sentarse en una mesa de negociación.

Esto habría que combinarlo con otras medidas unilaterales: control de capital, socialización del sector bancario y aumento del déficit fiscal, para incrementar el gasto público. Esto es posible y necesario. Es cierto que podría desembocar en la expulsión de la zona euro, aunque no existe una formal legal para ello, ya que corresponde a cada país decidir si sale o no de la unión monetaria.

En mi opinión, antes de salir de la zona euro, queda desobedecer y abrir un margen de maniobra para activar una transición en la cual hay una posibilidad de acumular fuerzas y mantener el apoyo popular utilizando formas de movilización, participación y auto-organización popular.

Es una opción radical pero un gobierno puede tomar esas opciones si ha logrado de manera previa convencer a la ciudadanía de que es necesario: hay elementos estratégicos de la vida actual en sociedad que tienen que ser re-transferidos al sector publico.

El servicio de salud, la educación, la energía o el sector financiero privado han de ser públicos. Los poderes públicos necesitan tener instrumentos para invertir de forma masiva en la transición ecológica y ello implica socializar al sector bancario.

La UE no es reformable.

Se trata de llevar una batalla en contra de esa UE y mostrar a los pueblos que sí hay posibilidades utilizando la capacidad de tomar medidas soberanas unilaterales de enfrentamiento."          (Eric Toussaint , profesor de la Universidad de Lieja, Salir del euro)


Como alternativa a la salida del euro y para conseguir la soberanía financiera:  europeseta electrónica de circulación interna
 
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )


Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna: 
 

Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  

Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:



Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

El autoritarismo fascista de Trump, tipicamente norteamericano, tiene díficil solución... pero hay solución

"El autoritarismo está al acecho en los Estados Unidos. El presidente Donald Trump se ha rodeado de belicistas (...) 

El intelectual y activista social Henry A. Giroux (Providence. EE.UU., 1943) analiza los nuevos desarrollos que están teniendo lugar en los Estados Unidos, identifica las fuerzas subyacentes del autoritarismo y las posibles estrategias y tácticas para involucrarse con éxito en los procesos de resistencia y transformación social igualitaria durante la presidencia de Trump.(...)

 Giroux argumenta que el tipo de política populista de Trump supone una tragedia para la democracia y un triunfo para el autoritarismo: utilizando la manipulación, la tergiversación y un discurso de odio, está impulsando políticas diseñadas para destruir el Estado de Bienestar y las instituciones que hacen posible la democracia.

 Giroux argumenta que el tipo de política populista de Trump supone una tragedia para la democracia y un triunfo para el autoritarismo: utilizando la manipulación, la tergiversación y un discurso de odio, está impulsando políticas diseñadas para destruir el Estado de Bienestar y las instituciones que hacen posible la democracia. 

Según Giroux, los primeros meses de gobierno de Trump ofrecen una visión aterradora de un proyecto autoritario que combina la crueldad del neoliberalismo con un ataque a la memoria histórica, la agencia crítica, la educación, la igualdad y la verdad misma. 

Aunque lo que está ocurriendo en los EE.UU. es diferente del fascismo de los años treinta (y mucho menos violento a nivel interno), el profesor canadiense sostiene que el país se encuentra en un punto de inflexión que está trayendo un autoritarismo virulento de estilo americano. (...)

Usted ha argumentado que las sociedades contemporáneas están en un punto de inflexión que está trayendo el surgimiento de un nuevo autoritarismo. ¿Trump sólo sería la punta del iceberg de esta transformación?

El totalitarismo tiene una larga historia en los Estados Unidos y sus elementos pueden verse en el legado de fenómenos endémicos como el nativismo, la supremacía blanca, Jim Crow, los linchamientos, el ultranacionalismo y los movimientos populistas de derecha, como el Ku Klux Klan y las milicias, que han dado forma a la cultura y sociedad estadounidenses. 

También son evidentes en el fundamentalismo religioso que ha dado forma a gran parte de la historia del país con su antiintelectualismo y desprecio por la separación entre la Iglesia y el Estado. Se puede encontrar más evidencia en la historia de las grandes empresas que utilizan el poder estatal para socavar la democracia mediante el aplastamiento de los movimientos laborales y el debilitamiento de las esferas políticas democráticas.

 La sombra del totalitarismo también puede verse en el tipo de fundamentalismo político que surgió en los Estados Unidos en los años veinte con las redadas de Palmer y en los cincuenta con el macartismo y el silenciamiento de la disidencia.

 Lo vemos en el Powell Memorándum en los setenta y en el primer informe importante de la Comisión Trilateral, llamado The Crisis of Democracy, que veía la democracia como un exceso y una amenaza. También vimos elementos en el programa Cointelpro del FBI, que se infiltró en grupos radicales e incluso llegó a matar a algunos activistas.

A pesar de este triste legado, la ascendencia de Trump representa algo nuevo y aún más peligroso. Ningún presidente reciente ha mostrado un desprecio tan flagrante por la vida humana, ha abolido la distinción entre la verdad y la ficción, se ha rodeado tan abiertamente de los nacionalistas blancos y los fundamentalistas religiosos, o ha expuesto lo que Peter Dreier ha calificado como “la disposición a invocar abiertamente todos los peores odios étnicos, religiosos y raciales, para atraer a los elementos más despreciables de nuestra sociedad y desencadenar un aumento del racismo, el antisemitismo, la agresión sexual y el nativismo por parte del KKK y otros grupos de odio”.  (...)

Lo que debe reconocerse es que una nueva coyuntura histórica surgió en los años setenta, cuando el capitalismo neoliberal comenzó a librar una guerra sin precedentes contra el contrato social. En ese momento, los funcionarios electos pusieron en práctica programas de austeridad que debilitaron las esferas públicas democráticas, atacaron con agresividad los pilares del Estado del Bienestar y emprendieron un asalto a todas las instituciones que son fundamentales para crear una cultura formativa crítica en la que los asuntos de justicia económica, alfabetización cívica, libertad e imaginación social se nutren desde la política. 

El contrato social entre el trabajo y el capital fue quebrado a medida que el poder dejó de estar limitado por la geografía y se desarrolló una élite global sin obligaciones respecto los Estados-nación. 

A medida que el Estado-nación se debilitaba, se fue reduciendo a un sistema regulador que servía al interés de los ricos, de las grandes empresas y de la élite financiera. El poder de hacer cosas ya no está en manos del Estado; ahora reside en manos de la élite global y es administrado por los mercados. Lo que ha surgido con el  neoliberalismo es una crisis tanto del Estado como política. 

Una consecuencia de la separación del poder y la política fue que el neoliberalismo dio lugar a desigualdades masivas en riqueza, ingreso y poder, impulsando el gobierno de la élite financiera y una economía del 1%. El Estado no fue capaz de proporcionar provisiones sociales y fue orientado rápidamente hacia sus funciones carcelarias. Es decir, a medida que el Estado social se vaciaba, el Estado castigador asumía cada vez más sus obligaciones.

El compromiso político, el diálogo y las inversiones sociales dieron paso a una cultura de contención, crueldad, militarismo y violencia. La guerra contra el terror militarizó aún más la sociedad estadounidense y creó las bases para una cultura del miedo y una cultura de guerra permanente. 

Las culturas de guerra necesitan enemigos y en una sociedad gobernada por una noción despiadada de interés propio, privatización y mercantilización, cada vez más grupos fueron demonizados, excluidos y considerados como desechables. Esto incluyó a negros pobres, latinos, musulmanes, inmigrantes no autorizados, comunidades transgénero y jóvenes que protestaron contra el creciente autoritarismo de la sociedad estadounidense. 

Las apelaciones de Trump a la grandeza nacional, el populismo, el apoyo a la violencia estatal contra los disidentes, el desdén por la solidaridad humana y una cultura racista de larga data tienen un largo legado en los Estados Unidos y se aceleraron cuando el Partido Republicano fue conquistado por fundamentalistas religiosos, económicos y educativos. 

Cada vez más, la economía orientó la política, estableció las políticas y puso en primer plano la capacidad de los mercados para resolver todos los problemas, para controlar no sólo la economía, sino toda la vida social.

Bajo el neoliberalismo, la represión se convirtió en permanente en los EE.UU. Las escuelas y la policía local se militarizaron cada vez más. Los comportamientos cotidianos, incluyendo una serie de problemas sociales, fueron criminalizados. Además, el abrazo distópico de una sociedad de control orwelliana se intensificó bajo el paraguas de un Estado de Seguridad Nacional, con 17 agencias de inteligencia.

 Los ataques a los ideales, valores, instituciones y relaciones sociales democráticos se acentuaron mediante la complicidad de los medios de comunicación apologéticos, más preocupados por sus audiencias que por su responsabilidad como Cuarto Poder. Con la erosión de la cultura cívica, la memoria histórica, la educación crítica y cualquier sentido de ciudadanía compartida, fue fácil para Trump crear un pantano político, económico, ético y social corrupto.

 Su triunfo debe ser visto como la esencia destilada de una guerra mucho más amplia contra la democracia, puesta en marcha en la modernidad tardía,  por un sistema económico que ha utilizado cada vez más todas las instituciones ideológicas y represivas a su disposición para consolidar el poder en manos del 1%. Trump es a la vez un síntoma y un acelerador de estas fuerzas y ha impulsado una cultura de la intolerancia, el racismo, la avaricia y el odio, moviéndola de los márgenes al centro de la sociedad americana. (...)

También ha escrito sobre la necesidad y las posibilidades de organizar fuerzas de resistencia y cambio durante la presidencia de Trump. En particular, ha subrayado la importancia de ampliar las conexiones entre los diversos movimientos sociales. ¿Cuáles son los grupos que en su opinión podrían trabajar juntos en los Estados Unidos? 

Los movimientos que se centran en una sola problemática han hecho mucho por difundir los principios de justicia, equidad e inclusión en los Estados Unidos, pero, a menudo, operan en silos ideológicos y políticos.

 La izquierda y los progresistas en su conjunto deben unirse para crear un movimiento social unido en su defensa de la democracia radical, un rechazo de las formas no democráticas de gobernanza y el rechazo de la noción de que el capitalismo y la democracia son sinónimos. 

Hay que juntar los diferentes elementos de la izquierda para afirmar los movimientos singulares y reconocer sus límites al confrontar las múltiples dimensiones de la opresión política, económica y social, particularmente teniendo en cuenta el funcionamiento de la maquinaria y la racionalidad del neoliberalismo Para gobernar ahora toda la vida social.

Es fundamental reconocer que dado el dominio del neoliberalismo sobre la política estadounidense y el paso del neofascismo de los márgenes al centro del poder, se hace necesaria una unión de los progresistas y la izquierda en lo que John Bellamy Foster ha descrito como los esfuerzos por “crear un poderoso movimiento anticapitalista desde abajo, representando una solución completamente diferente, dirigida a un cambio estructural de época”.

¿Qué hay de la vieja idea del internacionalismo? ¿Es mejor dedicar esfuerzos a avanzar en la política nacional o tratar de construir alianzas entre movimientos sociales y fuerzas políticas de diferentes países en un proceso más largo? ¿Pueden combinarse ambos enfoques? 

Ya no hay política en el exterior. El poder es global y sus efectos tocan a todos independientemente de las fronteras nacionales y las luchas locales. Las amenazas de la guerra nuclear, la destrucción ambiental, el terrorismo, la crisis de refugiados, el militarismo y las apropiaciones depredadoras de recursos, ganancias y capital por parte de la élite gobernante mundial sugieren que la política debe ser emprendida a nivel internacional para crear movimientos de resistencia que puedan aprender y apoyarse mutuamente. 

Necesitamos crear un nuevo tipo de política que aborde el alcance global del poder y el creciente potencial de destrucción masiva y de resistencia masiva global. Esto no sugiere renunciar a la política local y nacional. Por el contrario, significa conectar los puntos para que los vínculos entre la política local y la política estatal puedan ser comprendidos dentro de la lógica de fuerzas globales más amplias y de los intereses que las forman.

Otra idea clave que está promoviendo es que los movimientos transformadores también deben acercarse a aquellos que están desencantados con los sistemas políticos y económicos existentes, pero que carecen de un marco de referencia crítico para comprender las condiciones de su rabia. 

Siguiendo el trabajo de teóricos como Paulo Freire, Antonio Gramsci, C. Wright Mills, Raymond Williams y Cornelius Castoriadis, he trabajado sobre la idea de que la crisis de la democracia no se debe solo a la dominación económica o la represión directa, sino que también se deriva de la crisis de la pedagogía y la educación. 

El fallecido Pierre Bourdieu tenía razón cuando afirmó en Actos de resistencia que, con demasiada frecuencia, la izquierda “ha subestimado las dimensiones simbólicas y pedagógicas de la lucha y no siempre ha forjado armas apropiadas para luchar en este frente”. También afirmó que “los intelectuales de izquierda deben reconocer que las formas más importantes de dominación no solo son económicas, sino también intelectuales y pedagógicas y se vinculan con las creencias y la persuasión. 

Es importante reconocer que los intelectuales tienen una enorme responsabilidad de desafiar esta forma de dominación”. Estas son intervenciones pedagógicas importantes e implican que la pedagogía crítica en sentido amplio proporciona las condiciones, ideales y prácticas necesarios para asumir las responsabilidades que tenemos como ciudadanos para exponer la miseria humana y eliminar las condiciones que la producen.  (...)

Hay que pensar en lo que pueda despertar identificación. No hay política sin identificación; las personas tienen que invertir algo de sí mismas, algo que reconocen como propio y habla a su condición, y sin ese momento de reconocimiento... no habrá un movimiento político sin ese momento de identificación”.  (...)

He argumentado durante años que la pedagogía crítica debe estar siempre atenta a abordar el potencial democrático de cómo se forman la experiencia, el conocimiento y el poder, tanto en el aula como en las esferas públicas más amplias y los aparatos culturales, extendiéndose de las redes sociales y de internet al cine, la cultura, los medios críticos y también los mayoritarios.

 En este sentido, la pedagogía crítica y la educación deben convertirse en elementos centrales de la política y deben ser vinculadas a la recuperación de la memoria histórica y a la abolición de las inequidades existentes. Lo que está en juego aquí es una “versión esperanzadora de la democracia, donde el resultado es una sociedad más justa y equitativa que trabaja por el fin de la opresión y el sufrimiento de todos”.

Podemos concluir la entrevista mirando al futuro con un optimismo informado. ¿Puede explicar el concepto de esperanza militante?

Cualquier confrontación con el momento histórico actual tiene que ser contorneada con un sentido de esperanza y posibilidad para que intelectuales, artistas, trabajadores, educadores y jóvenes puedan imaginar lo contrario a lo existente para actuar de otra manera. Mientras que muchos países se han vuelto más autoritarios y represivos, hay signos de que el neoliberalismo en sus diversas versiones está siendo desafiado, especialmente por los jóvenes, y que la imaginación social sigue viva. 

Las patologías del neoliberalismo son cada vez más evidentes y las contradicciones entre el gobierno de los pocos y los imperativos de una democracia liberal se han vuelto más agudas y visibles.

 El apoyo generalizado a Bernie Sanders, especialmente entre los jóvenes, es un signo de esperanza. También que muchos estadounidenses favorezcan los programas progresistas, como la atención de salud garantizada por el gobierno, la seguridad social y mayores impuestos para los ricos.

Para que la esperanza no desaparezca en la neblina del cinismo, la urgencia del momento actual exige reconocer que la cruel y dura realidad de una sociedad que encuentra repugnante la justicia, la moralidad y la verdad tiene que ser repetidamente cuestionada por proporcionar una excusa injustificada para la retirada de la vida política o un colapso de fe en la posibilidad de cambio. Una esperanza militante debe fomentar un sentido de indignación moral y la necesidad de organizarse con gran ferocidad. No hay victorias sin luchas. 

Y aunque estemos entrando en un momento histórico que se ha inclinado hacia un autoritarismo sin tapujos, esos momentos son tan esperanzadores como peligrosos. La urgencia de tales momentos puede galvanizar a las personas en una nueva comprensión del significado y valor de la resistencia política colectiva.

Lo que no podemos olvidar es que ninguna sociedad carece de resistencia y que la esperanza nunca puede reducirse a una mera abstracción. La esperanza tiene que ser informada, concreta y accionable. La esperanza en abstracto no es suficiente. Necesitamos una forma de esperanza militante y de práctica que se involucre contra las fuerzas del autoritarismo en los frentes educativos y políticos, para convertirse en el fundamento de lo que podríamos llamar la esperanza de la acción, es decir, una nueva fuerza de resistencia colectiva y un vehículo para transformar la ira en luchas colectivas; un principio para que la desesperación resulte poco convincente y la lucha sea posible.

Nada cambiará a menos que la gente empiece a tomar en serio los fundamentos culturales y subjetivos profundamente arraigados de la opresión en los Estados Unidos y lo que se requiere para hacer que esas cuestiones resulten significativas tanto a nivel personal como colectivo, para hacerlas críticas y transformadoras. Es una preocupación tanto pedagógica como política. (...)"  
          
(Entrevista a  Henry A. Giroux / Autor de ‘America at War with Itself, Juan Pedro-Carañana, CTXT, 21/06/17. Traducción del autor del texto publicado en  Truthout.)

La Gran Recesión forma parte de las cuatro grandes crisis mayores que ha padecido el capitalismo. El marco de referencia ha sido el de la globalización, con muchos perdedores y escasos ganadores

"Estos días se cumplen 10 años de los primeros movimientos que provocaron la Gran Recesión. Dos fondos de alto riesgo especializados en hipotecas locas, propiedad del quinto banco de inversión de EEUU, Bear Stearns, iban a quebrar y contagiarían a todo el mundo, en una demostración rotunda del momento globalizador en que vivía éste

Bear Stearns, como Lehman Brothers o Merrill Lynch —que pertenecían a la aristocracia de más rancio abolengo de la banca de inversión mundial— hoy ya no existen.


Empezamos a conocer en toda su extensión lo que ha sucedido. La Gran Recesión forma parte de las cuatro grandes crisis mayores que ha padecido el capitalismo, junto a las dos guerras mundiales y a la Gran Depresión. Crisis que cambiaron el modo de vivir y de pensar de la gente.

En comparación con la Gran Depresión, la de ahora es una crisis al menos igual de larga, menos profunda (excepto para países mártires como Grecia) pero más compleja de resolver por la cantidad de desequilibrios que ha incorporado. De ella se sale sin una Teoría General que ayude a hacer un diagnóstico concertado, como fue la de Keynes del año 1936.

El balance se medirá no sólo en términos económicos y sociales (paro, empobrecimiento, desigualdades, debilitamiento de la protección social, deslocalizaciones…) sino políticos. En mitad de la Gran Recesión emergió un gran movimiento de desconfianza hacia las instituciones que produjo la crisis de representación política en la que estamos inmersos, con la emergencia de los indignados, de populismos de uno y otro extremo, y la extensión de muchas de sus ideas a los partidos centrales del sistema.

Aquellas señales de indignación que se extendieron por las calles y plazas de medio mundo tenían al menos un elemento común que se manifestaba en el grito de ¡Democracia real, ya!, y la búsqueda de un mayor equilibrio entre la política y la economía. A diferencia de otros momentos de la historia no había un sistema alternativo al capitalismo.

El marco de referencia ha sido el de la globalización, con muchos perdedores y escasos ganadores. Una globalización mutilada en la que hay una libertad casi absoluta de movimientos de capitales, relativa en los que se refiere a bienes y servicios, y restringida en las migraciones y refugiados. Nadie demanda una vuelta a la autarquía pero sí una globalización con condiciones y semáforos: libre comercio sí; desregulación no.

Este es el trasfondo del debate que muy afortunadamente se ha abierto estos días en torno al Tratado de Libre Comercio con Canadá (CETA), que no dejaría de resultar anecdótico y exclusivamente para técnicos si no afectase a estas condiciones de la globalización: el papel del comercio en sociedades en las que no existe competencia perfecta, el equilibrio entre derechos y poderes, la armonización de los estándares regulatorios, los mecanismos de compensación a los perdedores, las exigencias medioambientales, etcétera.

A partir de ahora ya no se podrá utilizar el libre comercio como cemento ideológico acorde con aspiraciones meramente teóricas y cargadas de absolutos: bueno o malo."                ( , El País, 26/06/17)