7.12.16

Renzi dimite. ¿Quién salva ahora a los bancos? La recapitalización de Monte Paschi di Siena, Unicredit, Banca Popular de Vicenza y Banca Veneto en el aire... ¿a la espera de la 'troika'?

"Después de tres sonoras bofetadas en pocos días --la reforma de la Administración Pública, la reforma de las bancas populares [similares a las antiguas cajas de ahorro españolas] y la reforma de Constitución-- Matteo Renzi no podía abrigar esperanza alguna de permanecer en el Palazzo Chigi [sede del Gobierno italiano]. 

Y ha sido él mismo el encargado de pasar el testigo al confirmar que no tenía ningún interés en seguir calentando la poltrona. El problema ahora es saber qué pasará tanto desde el punto político como en el frente económico o en el más caliente de los mercados financieros y de los bancos en particular. 

Y, más aún, del comportamiento del euro como moneda única puesto que Italia, mucho más que Grecia, ha sido considerada el eslabón débil de la construcción europea.  (...)

El coro de voces que reclaman la celebración inmediata de elecciones --el movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte, sobre todo-- se va a dejar oír enseguida y no es descartable que Mattarella decida disolver las Cámaras y convocar comicios anticipados.  

En todo caso, los problemas más acuciantes son de tipo económico, concretamente las recapitalizaciones de algunos bancos como Monte Paschi di Siena, Unicredit, la Banca Popular de Vicenza y la Banca Veneto.

 El consorcio de bancos gestionado por JP Morgan y Mediobanca, que había aprobado un plan para recapitalizar en varias fases Monte Paschi di Siena con 5.000 millones, puede verse ahora en dificultades. Con la conversión voluntaria de obligaciones subordinadas solo ha ingresado 1.000 millones y, ahora, con la victoria del No, el fantasma de la inestabilidad política se hace real. 

De esta manera resulta más que probable que los grandes inversores, como Catar, den un paso atrás poniendo en aprietos al consorcio que, en estas condiciones, no firmará el compromiso para lanzar al mercado la ampliación de capital.  (...)

Sin un gobierno a la vista, ¿quién asumirá la tarea de decidir si y cómo se interviene en Monte dei Paschi? Esta es la pregunta que se están haciendo ahora los analistas y los representantes de las finanzas internacionales. 

Probablemente sea el regulador, es decir, el Banco de Italia, de acuerdo con el Banco Central Europeo, quien certifique que Paschi di Siena no está en condiciones de recurrir a los mercados para financiarse y rellenar el agujero de 5.000 millones que se abrirá con la devaluación de los créditos deteriorados. Las posibilidades que se plantean son entonces dos:

1. Conversión forzosa de las obligaciones subordinadas --unos 4.200 millones de euros--, con el objetivo de proteger a los pequeños ahorradores que poseen casi la mitad de estas, unos 2.100 millones.

2. La llamada solución de la banca. La separación en un banco bueno, recapitalizado con dinero público, y un banco malo que agrupe todos los créditos deteriorados, cuya devaluación implicará un reajuste del capital y la transformación en acciones de todas las obligaciones subordinadas y quizá también parte de las senior.

La única manera de evitar un efecto dominó en otros bancos italianos es una oportuna intervención en Monte dei Paschi. Unicredit necesita una inyección fuerte de capital --entre 8.000 y 13.000 millones-- y lo mismo sucede con las entidades vénetas controladas por el fondo Atlante. Estas operaciones no van a poder financiarse en los mercados en una situación de inestabilidad política. 

Y la alternativa sería la que ha propuesto Reuters hace unos días, cuando reveló que se habían realizado estudios a nivel europeo para saber si cabía la intervención del fondo Omt (Outright Monetary Transactions), el cual podría llegar a intervenir siempre y cuando se aprobara un plan integral de saneamiento bajo la supervisión del BCE, la UE y el FMI. Es decir, en Italia desembarcaría la llamada Troika, una especie de comisariado."              (Giovanni Pons, CTXT, 05/12/16, este texto se ha publicado en Businessinsider.com, un blog de La Repubblica. )


 Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
 
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )

El populismo pretende echar abajo los dogmas de lo políticamente correcto y hablar de los valores, preocupaciones y ansiedades de la gente... es lo que hizo Trump

"(...)  los líderes y organizaciones populistas se han aprovechado de un vacío ético en el ámbito político para ofrecer al electorado una visión utópica de un mejor futuro para sus hijos, de una sociedad que les ofreciera una vida colectiva y personal con más sentido y esperanza. (...)

Si no es para defender el statu quo o defender las posturas dogmáticas de un partido, generalmente, se tratan los problemas sociales no como retos existenciales sino como problemas técnicos, que se pueden resolver con intervenciones científicas. Y se esconden las verdaderas dificultades de la tolerancia y convivencia detrás de afirmaciones vagas del pluralismo, diversidad e inclusión, que parecen decir todo y nada a la vez.

Nuestros representantes muchas veces no se atreven a ofrecer una defensa propiamente moral de sus políticas públicas, sino que reducen todo al imperativo casi religioso de incrementar el PIB a toda costa.

 La pobreza de nuestro discurso ético es reforzada por una doctrina de lo políticamente correcto, que protege ciertas prácticas políticas y creencias morales en modo absoluto de cualquier crítica, con la excusa de que los que se oponen al progreso son consumidos por odio o que sus juicios son invalidados por prejuicios irracionales.

Y aquí es donde entra el populismo, que finalmente pretende echar abajo los dogmas de lo políticamente correcto y hablar de modo cándido de los valores, preocupaciones y ansiedades de la gente. Así lo hemos visto de modo contundente en el caso de Donald Trump, que ha ganado la estima de una gran parte del pueblo estadounidense desafiando las normas de la corrección política «a lo grande». 

Populistas como Trump canalizan las frustraciones acumuladas de un pueblo que ha sido privado durante mucho tiempo de un foro público donde expresar y explorar sus inquietudes.
El populismo ha triunfado una y otra vez (y sigue triunfando) porque nuestra cultura no está preparada para responder de manera inteligente y sensata al surgimiento de este fenómeno en su propio seno. 

No tenemos la costumbre de discutir con nuestros conciudadanos de modo abierto y matizado sobre los valores éticos. Por ende, no sabemos dar una respuesta ponderada y sincera a los discursos políticamente incorrectos y a veces extremistas del populista.

Cuando el populista comienza a ganar terreno, los representantes de la cultura dominante lo desprecian por su falta de realismo político, o le acusan de amenazar nuestra civilización con sus lemas intolerantes y que se oponen a todo consenso medianamente aceptado. Lo descartan como un fanático que no merece su atención.

 Y un buen día, se dan cuenta de que este fanático está respaldado por una porción nada despreciable de sus conciudadanos. Y si discrepan con sus principios morales y políticos, ya es demasiado tarde para debatir con él, porque ha sacado a su país de Europa (Brexit) o ha instalado a Donald Trump en el Despacho Oval. (...)"             (David Thunder, El Mundo, 05/12/16)

Los fascistas austríacos han perdido la presidencia... pero pueden alcanzar el gobierno. Son los favoritos... ¿de qué se alegran los comentaristas?

"La mañana después de la derrota de la extrema derecha en Austria, el politólogo Benjamin Opratko rebaja la euforia: esto sólo es el principio. 

Pese a haber perdido la batalla por la presidencia austriaca ante el ecologista Alexander Van der Bellen, el ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ) ha obtenido su mejor resultado en 80 años.

En toda Europa se ha respirado al ver los resultados de las elecciones en Austria ¿Cuál es la sensación en su país?

Es cierto que ha habido un suspiro de alivio colectivo, sobre todo porque el resultado ha sido mucho más claro de lo esperado [en mayo, Van der Bellen se impuso por poco más de 30.000 votos, antes de que el Tribunal Constitucional invalidase el resultado por irregularidades en el proceso]. 

Sin embargo, al mismo tiempo la gente en Austria tiene claro que ésta no es la victoria definitiva. Este no es el final de la estrategia de la extrema derecha. Dicho esto: sienta muy bien ver sus caras en la televisión tras la derrota. Por una vez, no sonríen.

Austria podría celebrar elecciones generales en 2017. ¿Qué pasará si la extrema derecha consigue alcanzar el gobierno?

Esa es la parte más importante de su estrategia. Quieren controlar el Parlamento y no solamente ser parte del gobierno, sino liderarlo. Técnicamente, el presidente puede rechazar a ministros si considera que no están cualificados para el puesto, pero es el último recurso. Y hay que ser realistas: el presidente no puede rechazar a todo el Ejecutivo. 

Aún no sabemos cuándo serán las elecciones generales. Probablemente se celebran en primavera u otoño de 2017. Mi teoría es que el FPÖ no tiene sólo un proyecto de gobierno, sino un proyecto para transformar el Estado en una línea similar a lo que vemos en Hungría. Esto es, una reestructuración autoritaria del esqueleto del Estado y la sociedad civil. Ese es, creo, el auténtico peligro.

Aun así, esta derrota es un obstáculo en la estrategia de transformación del Estado del FPÖ.

Desde luego. Es un bache para ellos, pero muy relativo. Lo más importante son las próximas elecciones generales y alcanzar el liderazgo del gobierno. Y aunque han perdido estos comicios, han demostrado su potencial. Un 47% de votos es el mejor resultado de un partido de extrema derecha en Europa Occidental desde la Segunda Guerra Mundial. (...)

¿Llamaría a estos movimientos de extrema derecha ‘fascistas’ o ‘neo-fascistas’?

Hay grandes diferencias entre Aurora Dorada, en Grecia, que es abiertamente fascista y una organización neonazi, con formaciones como UKIP, el Frente Nacional de Francia o el Partido de la Libertad en Austria. En el caso del FPÖ, hay conexiones históricas obvias con el fascismo, pero no creo que se le pueda caracterizar como un partido fascista. Creo que hay fascistas en el partido, pero el proyecto no es fascista por el momento. 

En cualquier caso, lo que conecta a partidos como Aurora Dorada con otros como el Frente Nacional o el FPÖ es que todos politizan el sentido de crisis social y política en términos autoritarios, nacionalistas y racistas. No los llamaría fascistas, ni neofascistas. ¿Qué significará para Europa y para Austria? Pues que tendremos al primer jefe de gobierno abiertamente de ultraderecha en los llamados Estados occidentales de la Unión Europea.

¿Por qué la extrema derecha tiene tanta fuerza en Austria? Al fin y al cabo, Austria es un país relativamente rico, igualitario y desarrollado. Lo hubiera visto más fácil en Grecia o Italia, por la mayor desigualdad.

Dice mucho que esto no ocurra tanto en los países en los que la crisis ha afectado más, como Italia, Grecia o España. Demuestra que la crisis social y económica no trae implícita la llegada automática de la extrema derecha. Austria ha sido el país pionero en este tipo de experimentos de ultraderecha. Ya ocurrió en 1996 bajo el mando del antiguo líder del FPÖ, Jörg Haider, en la vanguardia de la Nueva Derecha.

 En cierto modo, ya entonces consiguieron articular un sentimiento de crisis. No una crisis económica, sino política. Ya en los años 90, la gente estaba harta de las viejas élites. Y esto es algo que ha vuelto ahora bajo un nuevo liderazgo, el de Hainz-Christian Strache. Así que en cierto modo tiene que ver con la historia del populismo de derechas austriaco, pero también con la completa ausencia de oposición de izquierdas. 

Austria no tiene ningún partido de izquierdas en el Parlamento. Los socialdemócratas llevan en el poder la mayor parte de los últimos 50 años, incluidos estos últimos años de crisis. Hay un Partido Verde que se centra sobre todo en votantes jóvenes de clase media-alta urbana. Así que no hay alternativa, en cuanto a oposición al sistema político que tenemos. Esa es la gran diferencia. (...)

Hay un argumento generalizado que explica el crecimiento de la extrema derecha como una reacción a la crisis de los refugiados. ¿Cree que es simplificar demasiado?

Completamente. Y en Austria queda aún más claro. El crecimiento del FPÖ no empezó con la crisis de los refugiados. Por supuesto, es algo que les ayuda a crecer porque saben cómo sacar partido a la situación, pero no se puede usar la crisis de los refugiados como algo determinante.

El factor más importante es la crisis económica mundial de 2008. Ahí fue cuando muchos de los partidos de derechas ganaron terreno, a causa de las políticas de austeridad que han sido implantadas por partidos de distinta índole. En este contexto, la ultraderecha se ofrece a ocupar el papel de oposición contra los mercados y las instituciones financieras, pero también contra las migraciones y el mundo globalizado.

Hemos visto un crecimiento del populismo de derechas a nivel global. Narendra Modi en India, Duterte en Filipinas, Turquía, Argentina, Brasil… ¿Están todos estos fenómenos conectados?

No están conectados desde un punto de vista estratégico, pero son todas reacciones nacionales a la crisis global. Obviamente, las circunstancias son muy distintas en diferentes partes del mundo, pero lo que se observa es una tendencia global hacia la adopción de medidas autoritarias, un ataque sobre la democracia y las libertades civiles. 

Se presenta como un fortalecimiento de la soberanía nacional contra los mercados globalizados, incluso cuando sus representantes están, a menudo, íntimamente relacionados con los mercados, como es el caso de Donald Trump. Es una narrativa de fortaleza nacional, de soberanía, que alcanza a muchas personas en estos tiempos de inestabilidad global. (...)

Los partidos del supuesto centro han aplicado políticas económicas radicales y extremistas durante la crisis. El centro ha desaparecido. Un ejemplo muy claro está en el Reino Unido. Los tories han implementado las medidas más extremas, incluyendo la decisión de salir de la Unión Europea.

 No se puede culpar sólo al UKIP, también a los conservadores. Eso es lo que Tsipras y otros políticos, también Podemos en España, supieron ver. En tiempos de crisis, no puedes elegir entre los extremos y el centro. Tienes que tomar decisiones."                 (Entrevista al politólogo Benjamin Opratko, La Marea, 05/12/16)

La Gran Coalición piensa que va a solucionar el agujero fiscal con parches de 7.500 miillones (de ilusiones, tabacos y colas). Sólo la recaudación perdida en paraísos fiscales es de: 7.400 millones... curioso

"Las decisiones sobre política fiscal tomadas por los gobiernos de Rajoy, y también por los últimos de Zapatero, no responden a ninguna planificación, ni ideología, sino a meros espasmos para cuadrar el déficit, una vez fracasada la hoja Excel de los Presupuestos.

 Solo así, se puede explicar las prisas para aprobar el último paquete fiscal, que será apoyado por la otra pata de la Gran Coalición, el PSOE, que incluye unas ligeras subidas de impuestos especiales (tabaco y alcohol) y un ensanchamiento de las bases imponibles en el Impuesto de Sociedades. (...)

Las cifras que aporta el ejecutivo en materia de recaudación, casi 7.500 mill€ se necesitan, son, de nuevo, un brindis al sol, que no tienen cotejadas con la realidad, y que sin duda responden, una vez, más a ejercicios de simulación en la oscuridad de los bajos del Ministerio en el antiguo edificio de Aduanas. Lo que sí sorprende es que hasta ahora, se podían deducir las empresas las pérdidas cuando tenían participadas que operaban en paraísos fiscales. 

Es decir, una forma de diluir beneficios era comprar o crear una filial en un paraíso fiscal, declarar pérdidas, como hacían algunas entidades financieras, y luego descontar esas pérdidas del resultado consolidado. Estas prácticas, tan injustas como insolidarias, reflejan hasta qué punto, las grandes corporaciones han estado mimadas por los diferentes gobiernos, aunque el primero de la clase fue, curiosamente, el mal llamado socialista de Zapatero.

 Estas grandes corporaciones, cuyos despachos de abogados y fiscalistas, dictan la política fiscal de los gobiernos, crean menos empleo que las empresas de menor tamaño y su contribución a las arcas públicas, resultaba ridícula, por más que los grandes liberales salgan en tromba a defenderlas, con el argumento que suponen y engordan la marca España, engendro de marketing para gloria de los grandes grupos empresariales que beben y se nutren del BOE.

 Con estos parches fiscales, un pellizco del tabaco, otro del alcohol, solo licores espirituosos ya que el vino y la cerveza son saludables, por lo que no cabe desincentivar el consumo, y los anticipos del Impuesto de Sociedades, la Gran Coalición ya piensa que va a solucionar el problema del agujero fiscal donde todos los años se licuan y se blanquean miles de millones de euros.

 Las mejores estimaciones apuntan a que solo en el IRPF se calcula que el fraude alcanza los 20.0000 mill€, casi un 2% del PIB, junto a las rentas en paraísos fiscales que se cuantifican en más de 144.000 mill (7.400 mill de recaudación perdida).  (...)

Como la práctica y la filosofía fiscal en España es compartida por PP y PSOE, se entiende la rapidez con la que se han puesto de acuerdo en los últimos días para acometer este pastiche fiscal, amén de la subida del salario mínimo y por supuesto el techo de gasto y la traca final de los Presupuestos.

 Con estas ayudas políticas, el PSOE salva al PP de las garras de Ciudadanos, que pretendía darle un giro más liberal a la política económica, y por supuesto pretendía eliminar el salario mínimo, variable denostada por las huestes de Garicano, al estilo de los académicos anglosajones. (...)

 Lamentablemente, la Gran Coalición no acometerá la gran reforma fiscal que necesita España y que pasa por una equiparación de la fiscalidad de rentas del trabajo y capital, por una verdadera cruzada contra el fraude en rendimientos de capital mobiliario, por la instauración de un impuesto que grave la riqueza y por supuesto la equiparación de la fiscalidad de sucesiones en toda España. 

Seguimos siendo un país con baja presión fiscal relativa respecto a nuestra posición en el PIB europeo, con un 34,4% del PIB, muy lejos de Francia (47.8%), Alemania (39,8%), Italia (43,7%) y por supuesto los países nórdicos, todos ellos en el umbral del 40%.  En resumen, las medidas que se han aprobado por RD, como le gusta al PP, no van a solucionar los graves problemas de recaudación que tiene España. 

Como el PSOE ha asumido el techo de gasto impuesto por el PP, que consolidad los recortes ya realizados en 2016, cuando la recaudación se desvíe y no cumplamos el déficit (3,3% en 2017), el sentido de Estado les obligará a recortar más gasto. Qué pena de capital político tenemos en España y que solos estamos los ciudadanos."               (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 05/12/16)

Renzi, el que no fué elegido por nadie, dimite. Los italianos también le dan la espalda a la UE... están contra el euro, los recortes y la austeridad impuesta por la Merkel

 "Se han vuelto a equivocar y por mucho. Renzi ha perdido rotundamente

Poco han servido las tradicionales apelaciones al miedo, a unos mercados en rebelión permanente y a la inestabilidad, a los peligros -típicamente italianos- de la ingobernabilidad. De hecho las “reformas Renzi” se pretendían legitimar invocando los sagrados nombres de la eficacia, de la confianza y de la necesaria e ineludible convergencia con Europa.

 El escenario ha sido el ya conocido en estos últimos tiempos: una sólida alianza de los grupos de poder económicos y mediáticos, con una parte nada desdeñable de la clase política y la intervención directa de las instituciones de la Unión Europea en favor del, hasta ahora, primer ministro italiano, a lo que habría que añadir, un toque específico de distinción, la interesada colaboración del presidente Obama. Se han vuelto a equivocar y no será la última vez.  (...)

El problema es en todas partes el mismo: ¿Cómo conseguir por vías democráticas que las poblaciones, la ciudadanía, renuncien a derechos sociales históricamente conquistados, a libertades civiles consagradas en los textos constitucionales y consientan convivir el resto de sus vidas con una degradación permanente de las condiciones de trabajo y existencia?

Éste es el problema real que las buenas conciencias de las izquierdas no quieren afrontar: que el capitalismo realmente existente (el capitalismo monopolista-financiero) es crecientemente incompatible con la democracia constitucional y que exige -es la clave- una redistribución sustancial de renta, riqueza y poder en favor de las clases económicamente dominantes, de la oligarquía. Parafraseando un viejo eslogan, “es el poder estúpidos, es el poder”.

No se trata de conspiraciones, que las hay y en todas partes. Es más simple: organizar la política, llevarla a cabo y conseguir determinados objetivos más allá y más acá de unas instituciones puestas en crisis precisamente -no se debería olvidar- por los que mandan y no se presentan a las elecciones.

No es casualidad que allá por mayo de 2013 el conocido banco de inversiones JP Morgan emitiese un informe titulado “El ajuste de la Zona Euro, una tarea a medio hacer” donde se defendía abiertamente la derogación de las constituciones democráticas de la Europa del Sur. La narrativa era clara y sin demasiados rodeos: nuestras Constituciones son la herencia de conquistas democráticas obtenidas después de largas y duras dictaduras, donde la influencia de la izquierda fue muy fuerte, lo que les dio un “sesgo socialista” incompatible con el tipo de capitalismo dominante hoy en el mundo.

Para decirlo de otra forma, los derechos sociales, laborales y sindicales, las libertades reales conquistadas en eso que se ha venido en llamar Estado Social son un obstáculo a la globalización capitalista y a las instituciones de la Unión Europea y, por lo tanto, deben de ser superadas.

 Asombra la claridad, de un banco como JP Morgan, que tiene el mérito de ser uno de los culpables de la crisis financiera internacional, caracterizado -así lo puso de manifiesto el Congreso de los EEUU- por sus prácticas delictivas, irregulares, cuando no abiertamente mafiosas. (...)

La ley “Renzi-Boschi” no entraba directamente en los aspectos dogmáticos o en los grandes principios constitucionales y se centraba en los aspectos orgánicos capaces de garantizar un Ejecutivo fuerte, con mayor discrecionalidad y con mayor capacidad de eludir los controles parlamentarios. La paradoja es ésta: para profundizar en el proceso de integración europea es necesario limitar la democracia y superar los principios del constitucionalismo social.

El horror a la democracia se hará cada día más evidente. Para los grupos dirigentes la construcción de lo que ellos llaman Europa, en realidad es la UE, es demasiado importante para dejarla en manos de la ciudadanía, de las mujeres y hombres comunes y corrientes.

 Nada es más utópico, menos realista que pensar que se pueden mantener nuestras libertades, nuestros derechos y nuestra cualidad democrática defendiendo un tipo de construcción europea que se basa en un gigantesco proceso de acumulación por desposesión en favor de una minoría oligárquica cada vez más cerrada y con más poder."               (Cuarto Poder, Manolo Monereo, 05/12/16)


 "(...) Y en cierta manera, los italianos también le han dado la espalda a la Unión Europea porque los partidos de la oposición que defendían el ‘no’ se han declarado en contra del euro, la moneda única a la que todos culpan de la austeridad y los ajustes fiscales impuestos por Angela Merkel en Europa.(...)

La derrota de Renzi y de su referéndum abre en Italia un tiempo electoral y de clara inestabilidad política por causa de la fuerza del populista Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo, que aparece en los sondeos como primer partido de Italia, y por la reaparición, cual momia recauchutada, de Silvio Berlusconi en la compañía de los separatistas de la Liga del Norte en la Padania.

Así, lo del populismo de izquierdas en Grecia o el triunfo de Alexis Tsypras en Atenas se puede repetir pronto en Roma con este nuevo populismo ‘a la italiana’, pero en un país importante que es la tercera economía de la UE. De manera que lo que pase en Italia va a contagiar e toda Europa y España ahí incluida.

Y ya veremos qué ocurre en unos pocos meses con las elecciones presidenciales de Francia, de las que se retira François Hollande para no perder ante el duelo inevitable entre Fillon y Le Pen. Y veremos también lo que ocurre en este 2017 en los comicios legislativos de Alemania en los que Merkel se presenta por cuarta vez pero en este caso sometida a la presión de una extrema derecha nacionalista que no cesa de crecer. (...)"         (Pablo Sebastián, República.com, 05/12/16)


"Matteo Renzi ha dimitido tras perder de forma rotunda el referéndum en Italia. El 'No' ha ganado con casi 20 puntos de ventaja sobre el 'sí' ─59,7% frente a 40,3%─. 

 El resultado lleva a la inestabilidad institucional a uno de los países fundadores de la Unión Europea (UE) en un momento en el que el proyecto europeo aún se tambalea por el Brexit y tiembla ante el empuje de formaciones de extrema derecha, declaradas antieuropeas, en diversos países. (...)

Renzi convocó el referéndum para poder sacar adelante una reforma constitucional con la que pretendía eliminar la función legislativa del Senado y conseguir así más poder para su Gobierno y agilizar la aprobación de leyes. Renzi podría seguir en el poder hasta la celebración de nuevas elecciones parlamentarias o dejar paso a un nuevo jefe de Gobierno, bien a un miembro del Partido Democrático o a un tecnócrata nombrado por Mattarella. (...)

La renuncia de Renzi abre una nueva crisis en la Unión Europea. Bruselas, tras la victoria del Brexit en el referéndum del pasado mes de junio en Reino Unido, veía con especial preocupación la celebración de la consulta italiana. El fin del Gobierno de Renzi amenaza con crear un vacío de poder en el país y crear un foco de inestabilidad para el bloque comunitario en la que es la tercera economía de la zona euro.
Poco tiempo después del anuncio del primer ministro italiano, el líder del Movimiento Cinco Estrellas (M5S), Beppe Grillo, no tardó en reclamar elecciones anticipadas. Su formación, contraria a la reforma de Renzi, cuenta, según los estudios de intención de voto, con muchas papeletas para quedar en primera posición en las generales. "Se debe votar lo antes posible. Los partidos harán de todo para alargar y llegar a septiembre de 2017 para recibir 'la pensión de oro' (parlamentaria). No se lo permitiremos", dijo Grillo en su blog, en un artículo titulado "¡Viva!". (...)

También la líder del partido Fratelli d'Italia, Giorgia Meloni, reclamó la renuncia de Renzi. "El de Renzi es un gobierno que no ha elegido nadie y tiene que dimitir. Este ha sido un mensaje clarísimo de los italianos que tienen el derecho de elegir su propio Gobierno", dijo. Mientras, el vicesecretario del Partido Democrático, Lorenzo Guerini, anunció que probablemente este martes se convocará a la dirección del partido para valorar el éxito de la votación y analizar las iniciativas políticas que deberían asumirse.(...)"            (Público, 04/12/16)

Hace 5 años advertí del riesgo de una presidencia de Trump. Vengo de Italia, así que ya había visto esta película con Berlusconi. La de desatar una reacción en la izquierda que generase simpatía en los electores moderados

"Hace cinco años, advertí acerca del riesgo de una presidencia de Donald Trump. La mayoría se rio. Creyeron que era algo inconcebible.

No se debió a ningún poder de clarividencia en particular. Vengo de Italia, así que ya había visto esta película con Silvio Berlusconi, el primer ministro que encabezó el gobierno italiano por un total de nueve años entre 1994 y 2011, como protagonista. Sabía bien cómo se desenvolvería la trama.

Ahora que Trump es presidente, analizar las similitudes con Berlusconi podría ofrecer una importante lección para saber cómo evitar que una victoria que se alcanzó con una diferencia mínima se transforme en un percance de dos décadas. 

Si alguien cree que los límites del mandato presidencial y la edad de Trump podrían salvar al país de ese destino, más vale que lo piense bien. El mandato del nuevo presidente podría convertirse con toda facilidad en la dinastía Trump.

La principal razón por la cual Berlusconi logró mantenerse en el poder en Italia por un periodo tan largo fue la incompetencia de la oposición. Se obsesionaron con tal saña con su personalidad que, en esencia, desapareció el debate político; se concentraron tan solo en ataques personales, cuyo único efecto fue aumentar la popularidad de Berlusconi. 

Su secreto fue tener la habilidad de desatar una reacción en sus oponentes de izquierda que generaba una simpatía instántanea en la mayoría de los electores moderados. Trump no es diferente.

 Ya vimos esta dinámica durante la campaña presidencial. Hillary Clinton se concentró tanto en explicar cuán malo era Trump que muchas veces no promovió sus propias ideas, no dio razones positivas por las cuales votar por ella. Los medios se dedicaron con tanto empeño a ridiculizar el comportamiento de Trump que solo consiguieron darle publicidad gratuita. (...)

La experiencia italiana nos muestra cómo es posible vencer a Trump. Solo dos hombres en Italia han ganado una competencia electoral contra Berlusconi: Romano Prodi y el primer ministro actual, Matteo Renzi (aunque solo en una elección europea en 2014). Ambos trataron a Berlusconi como a un oponente ordinario. Se concentraron en los problemas, no en su carácter. 

Aunque de distintas maneras, a ambos se les consideraba como outsiders, no formaban parte de la casta política de Italia.
El Partido Demócrata debería aprender la lección. Debería evitar lo que hicieron los republicanos después de que el presidente Obama asumió al poder. La oposición preconcebida a cualquiera de sus iniciativas no solo envenenó el pozo de Washington, sino que enardeció la reacción en contra de la clase gobernate (aunque fue una estrategia electoral exitosa para el partido).

 Hay muchas propuestas de Trump con las que pueden estar de acuerdo los demócratas, como las nuevas inversiones en infraestructura. La mayoría de los demócratas, incluidos políticos como Hillary Clinton y Bernie Sanders, y economistas como Lawrence Summers y Paul Krugman, han respaldado la idea de que la infraestructura puede hacer que aumente la demanda y también el número de empleos entre los trabajadores sin estudios universitarios. 

Quizá algunos detalles difieran del plan republicano, pero la oposición demócrata ganará credibilidad si intenta encontrar los puntos que tienen en común en vez de enfrascarse en las diferencias.

Además, si la oposición se concentra en la personalidad, coronaría a Trump como el líder del pueblo en la lucha contra la casta de Washington. También debilitaría la voz de la oposición en temas problemáticos, donde es importante sostener una batalla de principios.

Los demócratas también deberían ofrecer a Trump ayuda para combatir el grupo en el poder dentro del Partido Republicano, una oferta que revelaría si su populismo es discurso hueco o una posición real. Por ejemplo, con el apoyo de Trump, la plataforma republicana solicitó que se volviera a instituir la Ley Glass-Steagall, la cual separaría la banca de inversión de la banca comercial. Los demócratas deberían declarar que apoyan esta separación, una política a la que se oponen muchos republicanos.

 Lo último que quieren es que Trump use a la clase dominante republicana para ocultar sus propias fallas y haga caer sobre sus hombros la responsabilidad de bloquear las reformas populares que prometió durante la campaña y quizá nunca pretendió aprobar. Lo único que conseguirían con ello es alimentar su imagen de héroe del pueblo encadenado por las élites.

Por último, el Partido Demócrata debería encontrar un candidato creíble entre sus líderes jóvenes, alguien que no pertenezca a los brahmanes del partido. La noticia de que Chelsea Clinton piensa postularse como candidata es la peor posible. Si el Partido Demócrata se convierte en una monarquía, ¿cómo podrá combatir las tendencias autócratas de Trump?"                (, The New York Times, en Revista de prensa, 28/11/16)

5.12.16

Europa empieza a dar asco... justifica que se pueda “perdonar” el déficit que genere el gasto militar y no el gasto necesario para salvar vidas humanas o el empleo y los ingresos de millones de personas y empresas

"Los dirigentes europeos parecen empeñados en que no pase un día sin que las personas corrientes tengamos que sentir algo más que vergüenza de lo que hacen en materia económica (por no hablar de otras decisiones en temas incluso de mayor calado humano como el de los refugiados).

Se siente vergüenza cuando se empecinan en aplicar políticas que son un manifiesto fracaso pero se siente algo peor cuando se comprueba que no lo hacen por error sino como una farsa gigantesca para poder darles todavía más a los que ya lo tienen casi todo.

Se siente algo mucho peor que vergüenza cuando se tiene noticia de propuestas como la que acaba de lanzar  la comisaria europea de Mercado Interior, Elzbieta Bienkowska, como siempre de modo sibilino y completamente al margen de las instituciones representativas y del debate democrático.

Según ha dejado caer la comisaria, la Comisión Europea pretende promover un amplio programa de gasto militar que quedaría exento a la hora de calcular el déficit público que, como se sabe, no debe superar el 3% del PIB de cada economía.

Como he explicado en el libro que acabo de publicar (Economía para no dejarse engañar por los economistas. Ediciones Deusto), este criterio del tres por cien no tiene  base científica ninguna. No hay nada, absolutamente nada que lo justifique. Se podría haber puesto el 1, el 5 o el 30 por ciento con el mismo fundamento económico, es decir, con ninguno.

 El criterio del 3% del PIB como límite del déficit público se lo inventó un funcionario francés, Guy Abeille, cuando su jefe le pidió alguna norma para que el recién elegido presidente Mitterrand pudiera frenar las demandas de más presupuesto que le hacían sus ministros.

 En unos minutos tuvo que inventarse algo siendo plenamente consciente de que no había ningún economista ni teoría económica alguna que proporcionaran algo así. Pero como tenía que ofrecer rápidamente una solución a sus superiores se decidió por el 3%. 

Tal y como reconoció el propio Abeille años después, el 1% o el 2% le parecía demasiado poco mientras que “el tres es una figura sólida que tiene detrás de él precedentes ilustres [...], un amplio eco en la memoria común: las tres Gracias, la Trinidad, los tres días de la Resurrección, los tres órdenes de la alquimia, la triada hegeliana, las tres edades de Augusto Compte, los tres colores fundamentales, el acuerdo perfecto..., la lista es infinita…”.

Aunque pueda parecer mentira, esa y no otra es la teoría o la ciencia económica que hay detrás del criterio del 3% del PIB que se impone como límite del déficit público a las naciones europeas. Ninguna. Un engaño que hasta el que fue presidente del Instituto Monetario Europeo, Alexandre Lamfalussy, reconoció sin tapujos: “Los gobernadores son gente demasiado honesta y que saben que los criterios son arbitrarios. Yo jamás habría aceptado cifras de este género”. 

El criterio del 3% es una arbitrariedad, una farsa, pero, además, algo completamente inútil para lo que aseguraban que iba a servir, es decir, para reducir la deuda: cuando comenzó a utilizarse como criterio de cumplimiento obligatorio para todos los países la deuda era aproximadamente de un 55% del PIB, como media de los países europeos, y ahora, como he señalado, supera el 90%.  

La prueba de que se trata de una cifra completamente arbitraria, que no se establece así porque sea mejor o peor para la economía o para reducir la deuda, sino como recurso de los dirigentes europeos para disciplinar y someter a los gobiernos y para anular su capacidad de maniobra, es que se puede incluir o dejar de incluir dentro de ese porcentaje lo que le venga en gana a quien lo impone. 

Si de verdad fuese imprescindible que el déficit público no sobrepase el 3% del PIB daría igual que fuese a causa del gasto militar o del gasto en educación porque no hay ninguna razón que pueda justificar que el gasto militar sea inocuo desde el punto de vista de la deuda que genere y cualquier otro no. 

Y si no hay ningún problema para dejar fuera del cómputo del déficit el gasto militar, con el exclusivo propósito de que los grandes grupos industriales hagan negocio con el dinero de la gente ¿por qué no se deja fuera el gasto social, que es imprescindible para evitar que millones de personas vivan en la indigencia, pierdan su vivienda, carezcan de recursos y formación o incluso mueran por falta de atención? ¿dónde está escrito que la economía no se resienta si (al margen de ese 3%) se incrementa el gasto militar y que, por el contrario, sí sufra si aumenta el gasto social que se necesita para que la inmensa mayoría de la población sobreviva y disponga de bienes y servicios esenciales para su sustento diario? ¿qué argumento económico justifica que se pueda “perdonar” el déficit que genere el gasto militar y no el gasto necesario para salvar vidas humanas o el empleo y los ingresos de millones de personas y empresas?

No se cansen: no hay respuesta para esas preguntas. O, al menos, no hay respuesta económica, científica o razonable. Se permite el gasto militar y no cualquier gasto social o humanitario, o incluso de apoyo a la vida empresarial que crea riqueza efectiva, porque el criterio del 3% solo busca amedrentar a los gobiernos y a la ciudadanía para conseguir lo que efectivamente se viene logrando con él: que los más ricos y poderosos lo sean cada vez más. (...)

Eso que llaman los populismos no es lo que debilita la integración europea sino la consecuencia de haber querido integrar a Europa a base de mentiras y de políticas que constantemente han dado como resultado lo contrario de lo que se decía que traerían consigo.

Cuando se ha hecho sufrir a millones de personas y cuando han muerto miles a causa de los recortes, cuando se han deteriorado los servicios públicos y no se han atendido las necesidades básicas de la población porque, según se decía, había que cumplir a rajatabla la norma del déficit, y de pronto se dice que no hay límite para comprar armamento, carros de combate o minas, ¿tienen también culpa los populismos del asco o de los negros fantasmas que comienzan de nuevo a recorrer  Europa?"         (Juan Torres López, CTXT, 04/12/16)

La contra-revolución europea... Polonia, Hungría... Francia... ¿qúe hacer? Creatividad política... pues vaya

"En uno de los mejores textos sobre el voto anti-establishment, Catherine Fieschi, directora del think tank Counterpoint, explica como el populismo se nutre de un cambio fundamental en la forma que tenemos de debatir. 

Teniendo en cuenta que el espacio público se ha ensanchado colosalmente con la llegada de las redes y que el pensamiento analítico se ha descentralizado, el reto consiste a volver a recuperar el terreno frente al descrédito y la negación generalizada, sintetizado en la invectiva de ‘¿y eso porqué, porqué lo dices tú?’.

El problema, como apunta Fieschi, es que esa misma actitud, aplicada a la política y al debate público, deriva rápidamente hacia actitudes como el cinismo, la conspiranoia, la xenofobia y en general hacia una crítica visceral hacia las instituciones. Unas instituciones que precisamente necesitan todo lo contrario, es decir absorber toda la creatividad posible para reformarse y abrirse a los desafíos del siglo XXI.

 Inmersos en este nuevo marco, el calendario político europeo que se avecina será determinante para ver si el descalabro se confirma, o si de lo contrario la Unión Europea y los estados miembro dejan de ser espectadores de lujo de su propio hundimiento. 

El 4 de diciembre será decisivo por partida doble. En Italia no se celebran elecciones, si no un referéndum aparentemente inofensivo sobre un nuevo modelo bicameral. Sin embargo, al haber condicionado su futuro al resultado, Matteo Renzi ha transformado lo que era una consulta en unos comicios, con Beppe Grillo liderando ‘la oposición’, y Berlusconi aprovechando para volver a la palestra.

 Los austríacos por su lado deberán escoger entre Alexander Van der Bellen, candidato independiente respaldado por los ecologistas y Norbert Hofer, el candidato de la extrema derecha, de momento con una ligera ventaja. Ninguno de los candidatos pertenece a los dos grandes partidos austríacos, algo que no ocurría desde 1945. 

En abril, Francia se verá confrontada a una situación similar con la posibilidad de que Marine Le Pen llegue a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Jamás el ‘motor’ franco-alemán habrá estado tan en peligro. Con motivo de esas elecciones el think tank Demos ha publicado un primer estudio sobre las mejores formas de reducir la popularidad del Front National. 

Los resultados apuntan a un mix de argumentos como ‘mejorar la economía’, ‘reducir la inmigración’, ‘tener líderes políticos que nos inspiren’, y ‘reforzar los valores franceses y la ciudadanía en las escuelas’.

En definitiva, un conjunto de elementos que permiten confirmar el diagnóstico del voto anti-establishment: miedo a las mutaciones aceleradas, sensación de perder su estatus frente a las desigualdades, el desempleo, e inadecuación de algunas de nuestras pedagogías en un mundo interdependiente.  (...)

Los gobiernos actuales en Polonia y Hungría han sido advertidos por violar repetidamente el estado de derecho, como lo demuestra este mes el cierre del periódico húngaro de oposición Nepszabadsag. El problema es que asistimos impávidos como el populismo de extrema derecha accede al poder mientras que la Unión European está poco preparada para intervenir de forma decisiva.  (...)

¿Cómo hay que reaccionar frente a esta espiral del repliegue? Una de las posibles respuestas es la creatividad política, nuevas ideas que sin miedo permitan renovar el arsenal legislativo, comunicativo, económico y educativo en pro de la igualdad y la confianza. Sin un golpe de timón, Europa se asoma peligrosamente a tiempos ‘contra-revolucionarios’. "           (Dídac Gutiérrez-Peris  , Agenda Pública, Jueves 1 diciembre 2016)

A pesar de los contratos por dias,,, desaceleración. El paro sube en noviembre en 25.000 personas y suma cuatro meses creciendo

 "El mes de noviembre, a caballo entre la resaca del verano y la explosión de contratos temporales de la temporada navideña, es uno de los más impredecibles en materia de empleo y, en este 2016, para desgracia del Gobierno, y fundamentalmente de los parados, ha roto a malo, a realmente malo.

Y no porque en noviembre de 2015 el paro se redujera en 27.071 personas y ahora, un año después, haya aumentado en 24.841, sino porque esta nueva subida es la cuarta consecutiva, lo que choca frontalmente con el discurso voluntarista y falsamente optimista del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante los debates de investidura.


De esta forma, según los datos publicados pro el Ministerio de Empleo, el paro registrado se situó al final del pasado noviembre en 3.789.823 personas. Tampoco han sido mejores las cifras de Afiliación a la Seguridad Social, cuyo número de cotizantes se redujo en 32.832 afiliados. (...)

Lo que no cambia es la naturaleza precaria del nuevo empleo, ya que de los 1.743.708 contratos registrados, solo 154.854 fueron indefinidos, un 8,88% del total. Por lo que a la cobertura del subsidio de desempleo se refiere, los beneficiarios existentes a final de septiembre (este dato siempre se da con un mes de retraso) fueron 1.923.089, lo que representa una disminución del 10,2% respecto al mismo mes de 2015. De esta manera, el índice de cobertura baja medio punto y si sitúa en el 54,1%.
Los datos son tozudos y dejan las cosas en su sitio: la reforma laboral solo ha servido para aligerar costes a las empresas, adelgazando sus plantillas y las nóminas de sus trabajadores, y para empobrecer, hasta límites insoportables, el mercado laboral. 
 Y son insoportables no solo porque no haya dios quien los soporte, que también, sino porque con esos salarios de miseria, con esa incertidumbre crónica del contrato de una semana, de cuatro horas, se generan también cotizaciones de miseria que ponen en riesgo, con una irresponsabilidad que apabulla, incluso el futuro del sistema de pensiones. Ahí está el nuevo mordisco de 9.500 millones a la hucha, que ya no es hucha, ni es ná. (...)"              (PASCUAL GARCíA  , El Cuarto Poder, 

Ron: cómo asolar el Popular por entrar en el ‘ladrillo’ cuando ya estaba muerto

"En la presentación de los resultados anuales de 2015 del Banco Popular, a Ángel Ron (Santiago de Compostela, 1962) le empezó a sonar el móvil con la canción ‘Lollipop’ de The Chordettes, lo que provocó las carcajadas de periodistas y ejecutivos. 

Una canción optimista, alegre y desenfadada que simbolizaba perfectamente que el presidente vivía en un mundo absolutamente ajeno a la realidad del banco. El nuevo consejero delegado, Pedro Larena —la penúltima maniobra de Ron para seguir en el cargo y que puede alcanzar el récord del CEO más breve de la banca española—, puso la guinda hace apenas un mes diciendo que el Popular era “un bancazo”. Pero la realidad siempre acaba por imponerse más tarde o más temprano.

Y la realidad es que el banco ya era inviable hace un año. Y el problema era de tal magnitud que ni siquiera la ampliación de 2.500 millones de junio ha sido suficiente para taparlo. Desde el mismo momento en que la anunció, el mercado le dio la espalda y los analistas mostraron grandes dudas sobre su capacidad de cumplir un plan que, aunque ambicioso, tampoco bastaba para solucionar del todo los problemas del banco. 

Hasta el bróker del Santander, el mayor creyente que tenía Ron en el mercado, le retiró su confianza. El hundimiento de la acción y la pérdida de valor de la franquicia con la moral de la tropa por los suelos han acabado por hacer estallar el consejo.

Pero ¿cómo se ha llegado hasta aquí? Ron fue nombrado copresidente con la dimisión de Luis Valls Taberner el 20 de octubre de 2004; llevaba dos años como consejero delegado y anteriormente había dirigido la red comercial del banco. 

Ron, que tenía solo 42 años, se encontró un Popular que era el banco más eficiente de España con diferencia: un 34% (para ganar 100 euros solo gastaba 34); en los últimos resultados ni siquiera dio esa ratio. Eso disparaba su rentabilidad (ROE) hasta un apabullante 24,5%, cuando en el tercer trimestre andaba por el 0,8% y a fin de año será negativo. El banco ganaba 801 millones; este año acabará con pérdidas de unos 2.000.

Solo había un problema: el Popular no crecía. Y mientras tanto, las cajas de ahorros se embarcaban en una desenfrenada expansión fuera de sus territorios de origen financiando ladrillo a troche y moche. Cajas provinciales —y de provincias pequeñas— como la CAM o Caixa Galicia superaban en tamaño a un banco donde poco faltaba para encontrarse con empleados con manguitos y visera.

 El joven presidente decidió acabar con ese estancamiento y esa imagen decimonónica, y sumarse a una corriente que, por otra parte, era casi imposible de resistir. Sin embargo, no tuvo las manos libres para hacerlo hasta 2006, cuando dimitió el otro hermano Valls (Javier) y se quedó como presidente único.
Martinsa, Nozar, Reyal, Pescanova, Abengoa…

Y entonces ya era tarde. Se lanzó a financiar a los promotores cuando los precios estaban por las nubes y cuando los mejores negocios estaban ‘pillados’, de forma que solo quedaba lo peor: el suelo. 

Y se metió en todos los charcos: Martinsa-Fadesa, Nozar, Reyal Urbis, el Pocero y demás nombres que han pasado a mejor vida en los concursos de acreedores más grandes de la historia de España. 

Y no solo en el ladrillo. Ron también decidió que el Popular tenía que participar en los grandes sindicados de la burbuja para ponerse a la altura de sus principales competidores. Así, entró en mala hora en las empresas constructoras que han refinanciado y vuelto a refinanciar. Y en Pescanova. Y en Abengoa.

Todas estas minas empezaron a estallar en 2008, pero Ron fue capeando el temporal como pudo, aprovechando la laxitud de las normas de provisiones del Banco de España, que se fueron endureciendo paulatinamente.

 Ajeno a la bomba de relojería sobre la que estaba sentado, Ron también quiso imitar a los demás, que empezaban a ponerse las botas comprando las cajas de ahorros que empezaban a caer como moscas; en especial el Sabadell, que con la CAM le superó por primera vez en tamaño. 

Él también quería participar en el festín y encontró su presa ideal: el Banco Pastor, gallego como él, relacionado con el Opus Dei y con una cultura bancaria muy similar, y que estaba al borde del abismo.

Pero en esa operación cometió un tremendo error. Podía haber esperado a que lo nacionalizaran para acudir a la subasta y pedir ayudas públicas como las recibidas por Sabadell o por BBVA en el caso de Unnim. Pero entonces corría el riesgo de que le arrebataran la presa, así que prefirió comprarlo ‘a pulmón’.

 Más tarde, Braulio Medel demostró que podía arrancar enormes prebendas al FROB con tal de quitarle un problema de encima —Ceiss, Caja España-Duero— sin necesidad de que la nacionalizaran ni de ir a una puja. Ron no tuvo la vista o el coraje del presidente de Unicaja. Fue la sentencia de muerte del Popular.

Trampas contables y ‘el profe me tiene manía’

Los problemas empezaron a ser graves y Ron trató de ocultarlos. Así, decidió falsear la tasa de morosidad al tomar como denominador el activo total (más grande) en vez del crédito, como hacen los demás bancos. Asimismo, utilizó el argumento de ‘el profe me tiene manía’ cuando sacó malas notas en los test de estrés europeos de 2011 y 2012. 

Pero ese año llegaron los ‘decretos Guindos’, que obligaban a elevar las provisiones del ladrillo, con lo que la situación ya era insostenible. Ron decidió ponerse colorado y efectuar una ampliación de capital de 2.500 millones para arreglar el desaguisado del ladrillo, que vendió como la solución definitiva. Los accionistas, grandes y pequeños, confiaron en su palabra y acudieron. La acción estaba por encima de cinco euros (a efectos comparables tras el ‘contrasplit’ de 2013).

Ese año, el banco dio unas pérdidas históricas de 2.461 millones, precisamente por la limpieza ‘definitiva’ del balance. Confiaba en que la recuperación económica española le permitiera irlo saneando, pero la segunda recesión no acabó hasta 2014. Y además, la bajada de tipos del BCE destrozó los márgenes del negocio bancario, con lo que los ingresos comenzaron a ser insuficientes para dotar las provisiones que exigían unos activos inmobiliarios que no paraba de adjudicarse para contener la morosidad y cuyo valor no dejaba de caer. (...)

El legado de Ron tampoco es muy edificante en otros aspectos. Uno de ellos es el trato al cliente, al que ha arruinado con las dos ampliaciones y con productos como los bonos convertibles, por los que ha sido condenado por el Supremo y multado por la CNMV. Por no hablar de las cláusulas suelo, que coló de forma generalizada en las hipotecas y que ha tenido que retirar también obligado por el alto tribunal. No es de extrañar la fuga que está sufriendo el Popular, agravada además por una plantilla en pleno ERE. (...)

Pero, al final, la realidad es tozuda. Una caída del 96,12% de la cotización durante su mandato (hasta el cierre del miércoles), y sin contar con que llegó a máximos por encima de 40 euros, es imperdonable.

 Los demás bancos, aunque tampoco pueden tirar cohetes, no han sufrido una catástrofe similar en el mismo periodo: Santander pierde el 45,23%, BBVA, el 48,99% y Sabadell, el 59,17%. Pero él jamás se ha planteado dimitir y ha peleado duramente por conservar su puesto hasta el final, convencido de que era capaz de ejecutar su plan y de que este era la solución. Lollipop."           (Eduardo Segovia, El Confidencial, 01/12/16)

¿Y si Portugal paga su deuda en escudos, y no en euros?

"Os problemas essenciais de Portugal não virão a ter solução com a atual União Europeia, esse foi a principal mensagem que lançou esta sexta feira no seu discurso de abertura do XX Congresso do PCP o seu secretário geral Jerónimo de Sousa

 De Sousa -que vai continuar no cargo após este XX Congreso do PCP- vincou que “a experiência recente demonstra que a UE constitui uma matriz política e ideológica impossível de ser democratizada, humanizada ou reformada. É a sua natureza de classe -capitalista- que determina as suas políticas e opções”.

O PCP realiza esta fim de semana o seu XX Congresso em Almada, cidade do distrito de Setúbal que pertence à região de Lisboa. Nele há presença galega, a da delegação do Bloque Nacionalista Galego, na pessoa de Montse Prado, membro da Executiva Nacional e parlamentar no Hórreo. A UPG enviou também uma saúda ao Congresso.

“Como a situação na Grécia demonstra, é uma perigosa ilusão pensar-se, ou proclamar-se, que se podem encontrar reais soluções para as questões do desenvolvimento económico e do progresso social” no seio do euro, realçou o secretário geral.

Face uma União Europeia “neoliberal, federalista e militarista” o PCP opõe o projeto duma “outra Europa dos trabalhadores e dos povos”. (...)"      (Sermos Galiza, 03/12/16)


"Secretário geral entre 1992 e 2004 e membro do atual Comitê Central, defendeu que Portugal prepare a saída do euro. Pagar a dívida em escudos seria uma forma de a reestruturar, prévia devaluação.

Portugal vive uma “soberania limitada”, afirmou na sua intervenção perante o Pleno do XX Congresso Carlos Carvalhas, quem falou da saída do euro com maior clareza do que Jerónimo de Sousa no acto de abertura.

Sem soberania plena, denunciou Carvalhas, Portugal “está nas mãos do Banco Central Europeu”.
Nos últimos anos, alegou o ex secretário geral do PCP, Portugal teve de pagar juros a um ritmo anual de 8 mil milhões de euros. "                (Sermos Galiza, 04/12/16)


 Alternativa a la salida del euro:  europeseta electrónica de circulación interna 

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )


Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:  

Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  

Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:


Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/
 

Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

El Ayuntamiento de Badalona estima que entre el 60% y el 70% de los pisos vacíos de los bancos están 'okupados'

"Para conseguir que aumente el número de viviendas en alquiler, la ley mejoró las condiciones a los propietarios... pero empeoró las de los inquilinos. Permite, entre otras cosas, los desahucios por impago de un solo mes de alquiler, e incluye un “registro de sentencias firmes de impago de alquiler” en el que constan públicamente datos de morosos durante seis años.

De 2013 a 2015, los lanzamientos de alquileres en España han bajado un poco; han pasado de 38.141 en 2013 a 35.677 en 2015, según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Un lanzamiento es el momento en el que el juez llega con la policía y se hace con el inmueble. 

Se dice “lanzamientos” y no “desahucios” porque las estadísticas judiciales no distinguen entre una vivienda donde vive una familia desahuciada y un terreno, un garaje o un negocio. El Estado desconoce cuántas familias han quedado en la calle por no poder pagar el alquiler ni cuántos desahucios se dan porque el inquilino actúa de mala fe.

Las últimas cifras, del segundo trimestre de 2016, muestran que el 53,9% de los lanzamientos en España son de alquiler; el 0,5% más que en el mismo período del año anterior, mientras que los derivados de ejecuciones hipotecarias bajan el 4,7%.

En algunos lugares en particular, como en Catalunya, la cifra es distinta. Los lanzamientos por alquileres rondan ya el 70%; y específicamente en Barcelona, llegan al 90%.

“En la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) lo tenemos claro”,  cuenta Elisa Miralles, miembro de esta entidad de Barcelona. “No podemos hablar en general, pero en nuestra formación antes la mayor parte de los desahucios eran por hipotecas, y ahora son de alquileres”.

 No hay datos estadísticos anteriores a 2013. (...)

Por otro lado, el informe profundiza en algunas contradicciones del sistema: las viviendas vacías, 170.872, representan el 11% de las que hay en los municipios. (...)

Ante la falta de respuestas políticas, lo que se incrementa hasta ahora son las ocupaciones ilegales de viviendas vacías. “Todos los municipios afirman que han descubierto viviendas ocupadas en su ciudad, y preguntados por si se trata de un problema real en el municipio, todos han respondido afirmativamente”, agrega el informe. 

El Ayuntamiento de Badalona estima que entre el 60% y el 70% de los pisos vacíos de entidades financieras están ocupados."           

 ([Este artículo ha sido publicado en el número de noviembre de la revista Alternativas Económicas. , en eldiario.es, 24/11/16

La lucha contra los tratados de libre comercio que han deslocalizado la industria estadounidense es lo que explica la victoria de Trump. Para el 80% Estados Unidos, el libre comercio es un vídeo de los trabajadores de una fábrica en Indiana a los que informan de que la compañía se va a trasladar a México, y que todos serán despedidos. La gente tiene más miedo que odio...

"Nos adentramos en uno de los mayores misterios de Estados Unidos en este momento: ¿qué es lo que motiva a los seguidores de Donald Trump? Lo llamo misterio porque las personas blancas de clase trabajadora que forman la base de seguidores de Trump se juntan en cifras sorprendentes a favor del candidato, llenan estadios, hangares de aeropuertos, pero sus puntos de vista no suelen aparecer en los periódicos de prestigio.

En sus páginas de opinión, estos rotativos se preocupan por representar a casi todos los estatus sociales pero el de los trabajadores de 'cuello azul' suele pasarse por alto. Los puntos de vista de la clase trabajadora son tan ajenos a este universo que cuando el columnista de The New York Times Nick Kristof quiso incluir una conversación con un seguidor de Trump, se lo tuvo que inventar, así como las respuestas que esta persona imaginaria daba a sus preguntas. 

Cuando los individuos de la clase profesional desean entender a la clase trabajadora, normalmente consultan a los expertos en esa materia. Y cuando piden a estas fuentes de autoridad que expliquen el movimiento a favor de Trump, ellos siempre se centran en un aspecto: la intolerancia. 

Solo el racismo, explican, es capaz de dar alas a un movimiento como el de Trump, que gana fuerza dentro del partido republicano igual que un tornado atraviesa casas de lujo de mala calidad. (...)

Trump parece ser un racista por lo que se puede intuir que el racismo debe ser una de las motivaciones de sus legiones de seguidores. Y por eso, el sábado, el columnista de The New York Times Timothy Egan culpó a la gente por el racismo de su líder: “Los seguidores de Donald Trump saben exactamente lo que apoya: odio a los inmigrantes, superioridad racial, una indiferencia cómica hacia el civismo básico que cohesiona a la sociedad”. 

Todos los días se publican historias maravillosas sobre la estupidez de los votantes de Trump. Los artículos que tachan a los seguidores de Trump de intolerantes se cuentan por cientos o por miles. Los firman los conservadores, los progresistas o los profesionales imparciales. El titular de una columna del Huffington Post lo dijo clara y llanamente: “Trump ganó el supermartes porque Estados Unidos es racista”.

Por poner otro ejemplo, un reportero de The New York Times demostró que los fanáticos de Trump eran intolerantes a través de juntar un mapa con los apoyos a Trump con otro sobre la búsqueda de términos racistas en Google. 

Todo el mundo lo sabe: las pasiones de los seguidores de Trump no son más que los tintineos ignorantes del hombre blanco americano, que ha llegado a la locura por la presencia de un hombre negro en la Casa Blanca. El movimiento Trump es un fenómeno de una sola cara, una gran oleada que relaciona odio y raza. Sus partidarios no solo son incomprensibles sino que realmente no vale la pena llegar a comprenderlos.

O eso es lo que nos dicen. La semana pasada, decidí ver varias horas de diferentes discursos de Trump. Vi al hombre que divaga, cuenta, amenaza e incluso se regodea cuando algunos de sus detractores son expulsados de sus mítines. Yo estaba indignado por esas cosas, del mismo modo que Trump me ha desagradado durante los últimos 20 años. 

Pero también me di cuenta de algo sorprendente. En cada uno de los discursos que vi, Trump pasó una buena parte de su tiempo hablando de una preocupación puramente legítima, un asunto que podríamos considerar de izquierdas.

Sí, Donald Trump habló de comercio. De hecho, teniendo en cuenta la cantidad de tiempo que pasó repasando este tema, es muy posible que el comercio sea su única y gran preocupación, y no la supremacía blanca. Ni siquiera su plan para construir un muro en la frontera con México, aquel controvertido tema que le dio fama política.

 Durante el debate del 3 de marzo lo volvió a hacer: cuando le preguntaron sobre su excomunión política por Mitt Romney, Trump regateó el envite y empezó a hablar de... comercio.

Parece estar obsesionado con eso: los tratados de libre comercio que han firmado nuestros líderes, las numerosas empresas que han trasladado sus centros de producción a otros lugares, las llamadas que hará a los presidentes de esas empresas para amenazarlos con elevar los aranceles si no vuelven a Estados Unidos.

Trump adorna esta visión con otra de sus ideas de izquierda: bajo su dirección, el Gobierno podría “empezar a hacer una oferta competitiva en la industria farmacéutica” (para reducir el precio de los fármacos). “¡No tenemos una oferta competitiva!”, exclamaba asombrado y habla de otro asunto real, el despilfarro legendario que se produjo bajo el Gobierno de George W. Bush.

 Trump extiende sus críticas al ámbito militar, describiendo cómo el Gobierno está obligado a comprar aviones pésimos pero muy caros gracias a la influencia que ejercen los grupos de presión de la industria.

De este modo llegó su curiosa propuesta: como él mismo es tan rico, detalle del que suele presumir, no se va a ver afectado por estos grupos de presión empresariales ni por las donaciones. Debido a que está libre del poder corruptor de la financiación de campañas, el famoso negociador Trump puede hacer ofertas en nuestro nombre que serán “buenas” en vez de “malas”.

 La posibilidad de que en realidad lo consiga, por supuesto, es pequeña. Él parece ser un hipócrita en este tema, igual que en otros muchos. Pero al menos Trump habla de estas cosas. 

La clave para entender su éxito

Todo esto me sorprendió porque, en todos los artículos que había leído de Trump en los últimos meses, no recordaba que el comercio entrase a colación muy a menudo. Aparentemente Trump abandera una sola cruzada relacionada con los blancos. ¿Cabe la posibilidad de que el comercio sea una clave para la comprensión del fenómeno Trump?

El comercio es un tema que divide a los estadounidenses en función de su estatus económico. Para la clase media, que incluye a la amplia mayoría de estrellas mediáticas, los economistas, los altos cargos federales y los demócratas poderosos, lo que denominan 'libre comercio' es algo tan obviamente bueno e incluso noble que no requiere explicación o consulta, ni siquiera que se piense mucho en ello. Los líderes republicanos y demócratas están de acuerdo en esto a partes iguales, y nada puede hacerles salir de su modelo económico soñado.
Para el resto, el 80% o el 90% de Estados Unidos, el comercio significa algo muy diferente. Hay un vídeo que recorre Internet en los últimos días que muestra una sala lleno de trabajadores en una fábrica de aparatos de aire acondicionado en Indiana a la que informan de que la fábrica se va a trasladar a Monterrey, México, y que todos van a perder sus puestos de trabajo.
Mientras lo veía, pensé en todos los debates sobre comercio que hemos tenido en este país desde el principio de los 90, todas las dulces palabras que nuestros economistas han dedicado a las delicias del libre comercio, todas las formas en que la prensa se burla de quienes dicen que acuerdos como el Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte permiten que las empresas se lleven el empleo a México.

 

"Que te jodan"

Bueno, ahí está el vídeo de la empresa que se muda a México, cortesía de NAFTA (siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio de América del Norte). Esto es lo que aparece. Uno de los ejecutivos de Carrier habla en un tono familiar y profesional sobre la necesidad de “ser competitivo” y “de ser extremadamente sensible con los precios de mercado”. Un trabajador grita “que te jodan” al directivo. Tras esto, el directivo pide que estén callados para poder “compartir” su “información”. Su información es que todos ellos perderán su empleo.

No tengo ninguna razón especial para dudar de que Donald Trump es un racista. O lo es o, como el cómico John Oliver dice, pretende hacerse pasar por ello, lo que viene a ser lo mismo. Pero hay otra manera de interpretar el fenómeno Trump. El mapa de sus apoyos combinado con búsquedas racistas también se puede cruzar mejor con la desindustrialización y la desesperación, con zonas de miseria económica provocadas por 30 años de libre mercado dictado por Washington.

Hay que destacar que a Trump no le falta razón en sus ataques a esa empresa de aire acondicionado de Indiana que aparece en el vídeo de sus mítines. Eso sugiere que se está refiriendo tanto a la indignación por la economía como al racismo. 

Muchos de sus seguidores son fanáticos, no hay duda, pero muchos más probablemente están entusiasmados con la perspectiva de un presidente que parece decir lo que piensa cuando critica nuestros acuerdos comerciales y promete acabar con el empresario que te despidió y que destrozó tu ciudad, no como Barack Obama y Hillary Clinton

Este es el hecho más relevante sobre sus seguidores: cuando hablamos de gente blanca, de la clase trabajadora que le apoya, en vez de imaginar simplemente todo aquello que ellos quizá dicen, nos encontramos con que lo que más les preocupa a estas personas es la economía y el lugar que ellos ocupan en la misma.

 Esto es lo que sacó a la luz un estudio publicado por Working America, una organización política dependiente de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), que entrevistó a 1.600 votantes blancos de clase trabajadora de los suburbios de Cleveland y Pittsburgh en diciembre y enero.

"Más miedo que odio"

El estudio reveló que el apoyo a Donald Trump es alto entre esas personas, incluso en los que se identificaban a sí mismos como demócratas, y no porque todos deseen que un racista ocupe la Casa Blanca. Lo que hace que Trump se convierta en el líder favorito es “su actitud”, su contundencia y su forma directa de hablar. 

En cuanto a las cuestiones que suele referirse, “la inmigración” se sitúa en el tercer puesto de sus preocupaciones, muy por detrás de la preocupación número uno de estos estadounidenses: “buenos puestos de trabajo y economía”. 

"La gente tiene más miedo que odio", es la descripción del estudio que me hace  Karen Nussbaum, directora de  Working America. La encuesta "confirma lo que escuchamos siempre. La gente está harta, la gente sufre, están descontentos por el hecho de que sus hijos no tienen futuro" y "porque no ha habido una recuperación tras la recesión, porque todas las familias sufren de una manera u otra". 
 
Tom Lewandowski, presidente del Consejo del Trabajo del Noreste de Indiana, lo dejó aún más claro cuando le pregunté por los partidarios de Trump de clase trabajadora. "Esta gente no es racista, no más que el resto", dice de los seguidores de Trump que conoce. "Cuando Trump habla de comercio, pensamos en el Gobierno de (Bill) Clinton, primero con NAFTA y luego con China (los acuerdos comerciales con Pekín), y aquí en el noreste de Indiana eso supuso una hemorragia de empleos".

"Ven todo eso, y aquí aparece Trump hablando de comercio de forma muy extraña, pero al menos representa sus sentimientos. Tenemos a todos los políticos apoyando todos los acuerdos comerciales, y apoyamos a esa gente, y luego tenemos que luchar contra ellos para conseguir que nos representen".
Y ahora, paremos un momento y examinemos esta perversidad. 

Los partidos de izquierda en todo el mundo se fundaron para mejorar el destino de los trabajadores. Pero el partido de izquierdas en EEUU –uno de los dos del duopolio– eligió hace tiempo dar la espalda a las preocupaciones de estas personas, convirtiéndose en el estandarte de la clase profesional ilustrada, una "clase creativa" que hace cosas innovadoras como los derivados financieros y aplicaciones para smartphones. 

Los trabajadores por los que el partido se preocupaba antes no tienen otro sitio dónde ir, piensan los demócratas, por usar la famosa expresión de los años de Clinton. El partido ya no cree que deba escucharlos más.

Lo que  Lewandowski y Nussbaum están diciendo debería ser obvio para cualquiera que se haya atrevido a mirar más allá de los prósperos enclaves de las costas Este y Oeste. Los acuerdos comerciales mal diseñados, los generosos rescates de bancos, los beneficios garantizados para las empresas de seguros, pero sin una recuperación económica real para la gente corriente... todas estas políticas están dejando su sello.

 Como dice Trump, "hemos reconstruido China y por el contrario nuestro país se cae a trozos. Nuestras infraestructuras se están cayendo a trozos. Nuestros aeropuertos parecen del Tercer Mundo".

Los mensajes de Trump dan forma al contraataque populista contra el liberalismo que ha ido cobrando forma lentamente durante décadas y podría llegar a ocupar la Casa Blanca, cuando todo el mundo se verá obligado a tomar en serio sus locas ideas. 

Sin embargo, aún no podemos afrontar esta realidad. No sabemos admitir que nosotros, los de ideas progresistas, tenemos alguna responsabilidad en el ascenso de Trump, a causa de la frustración de millones de personas de clase trabajadora, de sus ciudades arruinadas y sus vidas en caída libre.

 Es mucho más fácil burlarse de ellos por sus almas retorcidas y racistas, y cerrar los ojos ante la evidente realidad de la que el trumpismo es sólo una expresión vulgar y cruda: que el neoliberalismo ha fracasado por completo."                       (The Guardian - Thomas Frank, en eldiario.es, 08/03/16)